11.9.13

ISABEL....Y FERNANDO. Capitulo 14. LA GRIETA DEL ENOJO


LA GRIETA DEL ENOJO



Javier Martín-Domínguez

Segundas partes siguen siendo buenas, en el caso de Isabel. Con el poderío que mostraron los trece capítulos de la primera tanda, convenientemente reemitidos este verano, no se necesitaban muchos cambios o sorpresas para seguir convenciendo. Un primer requiebro adelantó el tiempo histórico para mostrarnos la llave de Granada y los aires de morería. No era mas que un guiño a lo que está por venir. El nuevo capítulo, repleto de tramas e intrigas, tenía un meollo mejor: Los celos de poder y personales entre la nueva pareja real. Castellana seca o mujer de armas tomar, Isabel templa y juega con un Fernando ávido de completar su conquista matrimonial y territorial. A los fríos y calculadores ojos de Jener, se enfrenta la pasión que lleva Sancho en el ADN familiar. Por momentos despuntaba la energía volcánica que caracterizó a su padre Sancho en los recursos actorales del hijo. El personaje crece y promete. La esperada lucha de poder de serie histórica se trasmuta en un juego de titanes entre los monarcas y esposos, antes de aterrizar en el pacto del Tanto Monta. Hubiese deseado que el desafío entre Isabel y Fernando se hubiese prolongado mas porque era el meollo del capítulo. El erotismo se queda corto en la serie, comparada con  Juego de tronos. Pero sobresale el maquiavelismo isabelino, jugando a fomentar los celos de un Fernando aterido de frío a las puertas de Segovia. Mientras, otros hurgan en esa grieta del enojo entre la pareja. Entran en escena para asaltar el trono el rey de Portugal y los valedores de La Beltraneja. Lástima haber perdido a un Gines Millán en el papel de Villena, tan malo e intrigante como el reverendo Carrillo. Quedamos pues enredados por las intrigas palaciegas y las batallas que anuncian, prometiendo fidelidad a Isabel cada lunes. Y tambien al aragonés Fernando, para tranquilidad del conseller Mascarel al que todo esto le parecerá pura anomalía.  Pueden contratarlo para el guión de la próxima secuela. Como programa de humor- o de terror -no defraudará. Por ahora seguiremos con el anómalo caso de la reina que sí reinó.

10.9.13

MAPAS HABITADOS. El Pais/Babelia. Los viajes de Paul Bowles.


MAPAS HABITADOS

EL PAIS. BABELIA
31/9/2013


Desde muy temprana edad, Paul Bowles desafió la idea de que el viaje es lo transitorio y la residencia lo permanente. No disponía de lo mas básico para emprender la aventura, ni dinero, ni pasaporte. Pero no renunció a dejarse llevar por el viento, exponiéndose a un destino que terminaría por tatuar los mapas en su propia piel. Viajar para vivir y vivir para contarlo sería la máxima de su vida. Paseo todos los continentes, relató los dilemas del viajero y cimentó una singular fama de escritor nómada que marca el camino con sus huellas.  Poeta aficionado, compositor profesional, término dedicado a la novela y los relatos con una cuidadosa elección de los escenarios donde sus personajes viven sus experiencias, determinados siempre por la geografía. En su arco vital, que abarca de Nueva York a Tánger, Bowles solo tuvo el cielo y la escritura como protectores de su aventura, dejando una memoria personal completa en novelas, biografía y numerosos artículos para revistas del genero.
            Bowles sigue siendo un faro a para los viajeros de sillón y para los aventureros de las letras. En el nuevo recopilatorio “Travels” (Viajes, en la edición española) se recogen hasta cuarenta historias viajeras marcadas por el estilo bowleano. Se ha encargado de la selección y edición otro de los grandes de la aventura personalizada como es  Mark Ellingham creador de las afamadas guías de Trotamundos. Aunque Tánger y Marruecos  sean el epicentro de buena parte de los escritos, los mapas habitados por Bowles abarcan hasta Tailandia, Kenia, Ceilán, Madeira, Argelia,…e incluso España. Y como epílogo indispensable unas paginas de diario inéditas, escritas en tercera persona en forma de poema en 1986, en las que sintetiza su propia biografía sentimental.

VIAJAR O MORIR
            El joven Bowles aprovechó la primera ocasión sin esctricta vigilancia paterna para poner tierra por medio. Con 20 años fue enviado a estudiar desde su Nueva York natal a la Universidad de Virginia. La separación familiar no le fue suficiente, porque se encontró en un lugar aborrecible poblado por chicos adinerados y cursis. Una situación que le abocaría a todo un dilema existencial: “Me pareció que aquello era un club de campo mas que otra cosa. Los alumnos llevaban sus escopetas y sus perros a clase, y dejaban las armas junto a la puerta mientras los perros se tumbaban. Nunca había estado en una escuela en la que se permitiera algo así. Esta no fue la razón por la que me marché, pero me empujo a pensar que aquello no era muy serio. Así que una tarde regrese a mi habitación y decidí que debía hacer algo. Lance una moneda al aire. Si salía cara, me iría, me iría a Paris; si salía cruz, me tomaría unas pastillas y terminaría con todo” (1)  Viajar o morir. Para felicidad y consuelo de varias generaciones de lectores, el escritor nómada por excelencia fue salvado por la moneda y contra todo pronóstico inició su primera singladura, a bordo de un barco de carga con destino París. 
            17 Quai Voltaire seria su primera dirección internacional, y ahora el título del primer relato inédito de la recopilación de sus textos de Viajes editada con ese título por Mark Ellingham (2).  Aunque escrito hacia los años ochenta, el texto que abre este libro muestra las claves de su primera experiencia con Paris como faro de la aventura vital. Bowles volvería a la ciudad literaria por excelencia para consultar al oráculo que marcaría los destinos de muchos autores. Fue Gertrude Stein (la misma que recomendó Mallorca a Robert Graves o Pamplona a Hemingway) quien le empujaría a la que fue su atalaya y ultimo destino, Tánger.

¿QUE ES UN LIBRO DE VIAJES?
            Saltar de la frialdad del mapa a la narrativa del viaje es el reto del escritor con la adopción de un punto de vista. No hay viaje sin viajero, ni buena historia de viaje sin protagonista. Así era la concepción del asunto para Paul Bowles. No importaba tanto el paisaje y la geografía, como  su influencia en el estado de animo del que hace el camino. Queda patente aquel aviso para navegantes de Cesare Pavese que afirmaba que “viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista aquel confort familiar del hogar y los amigos. Nada es tuyo, excepto las cosas esenciales: el aire, dormir, los sueños, el mar, el cielo, todas las cosas que tienden a lo eterno o a lo que imaginamos de el”.  Bowles escribió en su prologo a “Let it come down” (Déjala caer) que “como sabe el escritor, la intensa incomodidad a menudo induce al trabajo intensivo”. Quizá el texto mas emblemático en esta línea sea su “Bautismo de soledad”. Como en ningún otro lugar es en el desierto donde uno esta despojado de cualquier asidero. Recuerdo como una de sus frases mas emblemáticas en nuestros encuentros tangerinos aquella de “En el desierto no hay memoria” que pronunciaba absorto con los ojos perdidos en un horizonte interior.  Al enfrentar solo la fuerza mineral de la arena y el viento escribe: “No queda nada, excepto tu propia respiración y el sonido de los latidos de tu corazón. Hasta la memoria desaparece”. Contaba que un sueño lo que le empujó a volver al norte de África en busca de un escenario para ambientar lo que sería “El cielo protector”. Sin paisaje- y su vivencia -no habría novela. Bowles quedó cautivado por el silencio del Sahara, y los efectos de la nada terrenal le llevaron a producir algunas de sus mas bellas paginas en las que se confunden el sentimiento mas íntimo y la descripción externa.
            En uno de sus numerosos artículos sobre viajes para diferentes revistas, escrito para The Nation en 1958 Bowles, hace su propia reflexión sobre  que es un libro de viajes. “Para mi es la historia de lo que le pasa a una persona en un lugar particular, y nada mas que eso (…) El asunto principal es el conflicto entre el escritor y el lugar. No es importante cual de los dos gana la batalla, siempre que el concflicto quede fielmente registrado”. Como ejemplo inspiradores cita a a Evelyn Waugh y su indignación en Etiopía, Graham. Greene y su panorámica letal de Africa Oriental, Aldous Huxley apabullado por México o André Gide descubriendo su conciencia social en el Congo. La influencia del lugar en la psicología del escritor es para Bowles la clave que da valor a este tipo de relatos. Los detalles quedan para las guías de viajes. Los libro de viajeros que escriben o escritores que viajan alcanzan su cima en la respuesta emocional del sujeto ante los avatares de la aventura lejos de casa.  PB terminó siendo uno de los maestros del genero, como reconoce en el prólogo a la edición uno de los autores mas considerados del momento, Paul Theroux.  “Su larga y fructífera vida esta condensada en estas piezas, que tambien arrojan luz sobre la brillantez de sus ficciones. Vivió la vida que eligió.  Siempre siguió su camino, escribiendo lo que quería. Nunca hizo aquello que no deseaba; y así siguió hasta su muerte”.

Emilio Sanz de Soto, Pepe Carleton, Truman Capote, Jane y Paul Bowles.

VISION DE ESPAÑA
            El texto sobre España elegido en esta recopilación  se publicó originalmente en 1965 en la revista Holiday de Filadelfia, que también encargó trabajos a autores como Steinbeck, Hemingway y Lawrence Durrell. Compara su visión de la Costa del Sol, que vio por vez primera en el año 34, con el desarrollismo que experimentaba en la década de los sesenta. En su biografía “Sin parar” Bowles da mas detalles de su viajes por Granada o Madrid. España siempre le intrigó. La recorrió antes de la Guerra Civil y terminó componiendo música para una de las películas en defensa del gobierno de la República o para la lorquiana “El viento permanece”. Bowles encontró inspiración en la música de Falla y la literatura de Lorca. Le gustaba leer y hablar en un idioma que “suena como la grava en un río”. Comentaba jocosamente su llegada a Madrid en los cuarenta a bordo de un inmenso Ford conducido por su chofer Tensamani vestido de librea que les llevó a las puertas del palacio de El Pardo, sin que la guardia mora les detuviese al paso confundiéndole con un príncipe marroquí. Menos halagüeñas fueron sus travesías a bordo del Ibn Batuta con destino a Málaga para visitar a médicos y psiquiatras cuando Jane Bowles fue víctima de un derrame cerebral, y donde permaneció hasta su muerte.
            En “Alocada Costa del Sol”,  PB recuerda aquellos parajes que “entonces carecían de nombre”, mas de cien kilómetros de playas que solo se habían utilizado para secar redes y aparcar barcas de pesca. Treinta años mas tarde, califica a Torremolinos y su reguero de nuevos hoteles como “arte pop en la piel”.  Desordenada y hasta caótica, la postal turística incluye a los andaluces que “como sus vecinos marroquíes son excesivamente gregarios, y contemplan el deseo de otros por la privacidad y la soledad como una anormalidad”. Algunas cosas no han cambiado tanto.
            Recluido finalmente en el Tánger de su elección, al que dedicó sus mejores y mas abundantes páginas ampliamente representandas en este libro, PB terminó convirtiendo el viaje en un sueño imposible. “Me encantaría volver a viajar, todavía lo haría, pero ya no hay manera. Ahora tienes que tomar aviones. Ya no hay forma de viajar. Supongo que se acabo para siempre. Porque viajar significa llevar contigo un montón de equipaje, quince, veinte, treinta maletas, y tener un camarote en un barco e ir a algún lugar. Deshacerte allí del equipaje, dejar el barco y buscar una casa. Ya no se puede hacer eso. Para empezar, no puedes ni ir a un hotel sin haber hecho antes una reserva. No puedes mover tu equipaje porque no hay porteadores que lo carguen. Se ha acabado definitivamente la idea del viaje, ya no existe. Ahora no sabría como hacerlo”.  Las maletas apiladas a la entrada de su salón  en el inmueble Itesa certificaban un pasado errante y un presente encallado.  Cortinas hechas de tela de saco tamizaban hasta hacer casi invisible la luz ardiente del verano tangerino. En uno de sus ultimo textos para “Retratos de nubes desnudas” (1993), PB afirma que “el tono de las escenas que interpretamos en nuestras vidas es determinado ampliamente por la luz proyectaba sobre nosotros desde lo alto”.
            Un reciente documental sobre PB, presentado en la Berlinale de este año, recoge sus últimos suspiros, ya en cama y con las cicatrices de la operación de cancer en la cara. Es un Bowles casi rendido y melancólico. El mismo que cierra este recopilatorio con su texto autobiográfico en el que afirma que después de la muerte de su esposa Jane Auer en España “le parece a él que ya nada mas le ha pasado”. Para culminar con un nihilista “Ya no hay nada que nadie pueda hacer sobre nada”.  Bowles se marchó con el siglo, pero el interés por la vida y la obras del escritor nómada se mantiene. Como el viento, su maestría en la crónica viajera permanece.

 - - - - - - -

(1)  Conversaciones con Paul Bowles en Tánger durante el rodaje del documental Mapas de agua y arena. Las vidas de Jane y Paul Bowles, dirigido por  Javier Martín-Domínguez, a principios de los años 90.
(2)  Desafío a la identidad. Viajes. (Travels. Collected writings, 1950-93). Escritos recopilados por  Mark Ellingham. Sort of Books. Edición española de Galaxia Guttemberg. 2013.


MAPAS HABITADOS. Los viajes de Paul Bowles. EL PAIS/BABELIA


MAPAS HABITADOS

EL PAIS. BABELIA
31/9/2013


Desde muy temprana edad, Paul Bowles desafió la idea de que el viaje es lo transitorio y la residencia lo permanente. No disponía de lo mas básico para emprender la aventura, ni dinero, ni pasaporte. Pero no renunció a dejarse llevar por el viento, exponiéndose a un destino que terminaría por tatuar los mapas en su propia piel. Viajar para vivir y vivir para contarlo sería la máxima de su vida. Paseo todos los continentes, relató los dilemas del viajero y cimentó una singular fama de escritor nómada que marca el camino con sus huellas.  Poeta aficionado, compositor profesional, término dedicado a la novela y los relatos con una cuidadosa elección de los escenarios donde sus personajes viven sus experiencias, determinados siempre por la geografía. En su arco vital, que abarca de Nueva York a Tánger, Bowles solo tuvo el cielo y la escritura como protectores de su aventura, dejando una memoria personal completa en novelas, biografía y numerosos artículos para revistas del genero.
            Bowles sigue siendo un faro a para los viajeros de sillón y para los aventureros de las letras. En el nuevo recopilatorio “Travels” (Viajes, en la edición española) se recogen hasta cuarenta historias viajeras marcadas por el estilo bowleano. Se ha encargado de la selección y edición otro de los grandes de la aventura personalizada como es  Mark Ellingham creador de las afamadas guías de Trotamundos. Aunque Tánger y Marruecos  sean el epicentro de buena parte de los escritos, los mapas habitados por Bowles abarcan hasta Tailandia, Kenia, Ceilán, Madeira, Argelia,…e incluso España. Y como epílogo indispensable unas paginas de diario inéditas, escritas en tercera persona en forma de poema en 1986, en las que sintetiza su propia biografía sentimental.

VIAJAR O MORIR
            El joven Bowles aprovechó la primera ocasión sin esctricta vigilancia paterna para poner tierra por medio. Con 20 años fue enviado a estudiar desde su Nueva York natal a la Universidad de Virginia. La separación familiar no le fue suficiente, porque se encontró en un lugar aborrecible poblado por chicos adinerados y cursis. Una situación que le abocaría a todo un dilema existencial: “Me pareció que aquello era un club de campo mas que otra cosa. Los alumnos llevaban sus escopetas y sus perros a clase, y dejaban las armas junto a la puerta mientras los perros se tumbaban. Nunca había estado en una escuela en la que se permitiera algo así. Esta no fue la razón por la que me marché, pero me empujo a pensar que aquello no era muy serio. Así que una tarde regrese a mi habitación y decidí que debía hacer algo. Lance una moneda al aire. Si salía cara, me iría, me iría a Paris; si salía cruz, me tomaría unas pastillas y terminaría con todo” (1)  Viajar o morir. Para felicidad y consuelo de varias generaciones de lectores, el escritor nómada por excelencia fue salvado por la moneda y contra todo pronóstico inició su primera singladura, a bordo de un barco de carga con destino París. 
            17 Quai Voltaire seria su primera dirección internacional, y ahora el título del primer relato inédito de la recopilación de sus textos de Viajes editada con ese título por Mark Ellingham (2).  Aunque escrito hacia los años ochenta, el texto que abre este libro muestra las claves de su primera experiencia con Paris como faro de la aventura vital. Bowles volvería a la ciudad literaria por excelencia para consultar al oráculo que marcaría los destinos de muchos autores. Fue Gertrude Stein (la misma que recomendó Mallorca a Robert Graves o Pamplona a Hemingway) quien le empujaría a la que fue su atalaya y ultimo destino, Tánger.

¿QUE ES UN LIBRO DE VIAJES?
            Saltar de la frialdad del mapa a la narrativa del viaje es el reto del escritor con la adopción de un punto de vista. No hay viaje sin viajero, ni buena historia de viaje sin protagonista. Así era la concepción del asunto para Paul Bowles. No importaba tanto el paisaje y la geografía, como  su influencia en el estado de animo del que hace el camino. Queda patente aquel aviso para navegantes de Cesare Pavese que afirmaba que “viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista aquel confort familiar del hogar y los amigos. Nada es tuyo, excepto las cosas esenciales: el aire, dormir, los sueños, el mar, el cielo, todas las cosas que tienden a lo eterno o a lo que imaginamos de el”.  Bowles escribió en su prologo a “Let it come down” (Déjala caer) que “como sabe el escritor, la intensa incomodidad a menudo induce al trabajo intensivo”. Quizá el texto mas emblemático en esta línea sea su “Bautismo de soledad”. Como en ningún otro lugar es en el desierto donde uno esta despojado de cualquier asidero. Recuerdo como una de sus frases mas emblemáticas en nuestros encuentros tangerinos aquella de “En el desierto no hay memoria” que pronunciaba absorto con los ojos perdidos en un horizonte interior.  Al enfrentar solo la fuerza mineral de la arena y el viento escribe: “No queda nada, excepto tu propia respiración y el sonido de los latidos de tu corazón. Hasta la memoria desaparece”. Contaba que un sueño lo que le empujó a volver al norte de África en busca de un escenario para ambientar lo que sería “El cielo protector”. Sin paisaje- y su vivencia -no habría novela. Bowles quedó cautivado por el silencio del Sahara, y los efectos de la nada terrenal le llevaron a producir algunas de sus mas bellas paginas en las que se confunden el sentimiento mas íntimo y la descripción externa.
            En uno de sus numerosos artículos sobre viajes para diferentes revistas, escrito para The Nation en 1958 Bowles, hace su propia reflexión sobre  que es un libro de viajes. “Para mi es la historia de lo que le pasa a una persona en un lugar particular, y nada mas que eso (…) El asunto principal es el conflicto entre el escritor y el lugar. No es importante cual de los dos gana la batalla, siempre que el concflicto quede fielmente registrado”. Como ejemplo inspiradores cita a a Evelyn Waugh y su indignación en Etiopía, Graham. Greene y su panorámica letal de Africa Oriental, Aldous Huxley apabullado por México o André Gide descubriendo su conciencia social en el Congo. La influencia del lugar en la psicología del escritor es para Bowles la clave que da valor a este tipo de relatos. Los detalles quedan para las guías de viajes. Los libro de viajeros que escriben o escritores que viajan alcanzan su cima en la respuesta emocional del sujeto ante los avatares de la aventura lejos de casa.  PB terminó siendo uno de los maestros del genero, como reconoce en el prólogo a la edición uno de los autores mas considerados del momento, Paul Theroux.  “Su larga y fructífera vida esta condensada en estas piezas, que tambien arrojan luz sobre la brillantez de sus ficciones. Vivió la vida que eligió.  Siempre siguió su camino, escribiendo lo que quería. Nunca hizo aquello que no deseaba; y así siguió hasta su muerte”.

Emilio Sanz de Soto, Pepe Carleton, Truman Capote, Jane y Paul Bowles.

VISION DE ESPAÑA
            El texto sobre España elegido en esta recopilación  se publicó originalmente en 1965 en la revista Holiday de Filadelfia, que también encargó trabajos a autores como Steinbeck, Hemingway y Lawrence Durrell. Compara su visión de la Costa del Sol, que vio por vez primera en el año 34, con el desarrollismo que experimentaba en la década de los sesenta. En su biografía “Sin parar” Bowles da mas detalles de su viajes por Granada o Madrid. España siempre le intrigó. La recorrió antes de la Guerra Civil y terminó componiendo música para una de las películas en defensa del gobierno de la República o para la lorquiana “El viento permanece”. Bowles encontró inspiración en la música de Falla y la literatura de Lorca. Le gustaba leer y hablar en un idioma que “suena como la grava en un río”. Comentaba jocosamente su llegada a Madrid en los cuarenta a bordo de un inmenso Ford conducido por su chofer Tensamani vestido de librea que les llevó a las puertas del palacio de El Pardo, sin que la guardia mora les detuviese al paso confundiéndole con un príncipe marroquí. Menos halagüeñas fueron sus travesías a bordo del Ibn Batuta con destino a Málaga para visitar a médicos y psiquiatras cuando Jane Bowles fue víctima de un derrame cerebral, y donde permaneció hasta su muerte.
            En “Alocada Costa del Sol”,  PB recuerda aquellos parajes que “entonces carecían de nombre”, mas de cien kilómetros de playas que solo se habían utilizado para secar redes y aparcar barcas de pesca. Treinta años mas tarde, califica a Torremolinos y su reguero de nuevos hoteles como “arte pop en la piel”.  Desordenada y hasta caótica, la postal turística incluye a los andaluces que “como sus vecinos marroquíes son excesivamente gregarios, y contemplan el deseo de otros por la privacidad y la soledad como una anormalidad”. Algunas cosas no han cambiado tanto.
            Recluido finalmente en el Tánger de su elección, al que dedicó sus mejores y mas abundantes páginas ampliamente representandas en este libro, PB terminó convirtiendo el viaje en un sueño imposible. “Me encantaría volver a viajar, todavía lo haría, pero ya no hay manera. Ahora tienes que tomar aviones. Ya no hay forma de viajar. Supongo que se acabo para siempre. Porque viajar significa llevar contigo un montón de equipaje, quince, veinte, treinta maletas, y tener un camarote en un barco e ir a algún lugar. Deshacerte allí del equipaje, dejar el barco y buscar una casa. Ya no se puede hacer eso. Para empezar, no puedes ni ir a un hotel sin haber hecho antes una reserva. No puedes mover tu equipaje porque no hay porteadores que lo carguen. Se ha acabado definitivamente la idea del viaje, ya no existe. Ahora no sabría como hacerlo”.  Las maletas apiladas a la entrada de su salón  en el inmueble Itesa certificaban un pasado errante y un presente encallado.  Cortinas hechas de tela de saco tamizaban hasta hacer casi invisible la luz ardiente del verano tangerino. En uno de sus ultimo textos para “Retratos de nubes desnudas” (1993), PB afirma que “el tono de las escenas que interpretamos en nuestras vidas es determinado ampliamente por la luz proyectaba sobre nosotros desde lo alto”.
            Un reciente documental sobre PB, presentado en la Berlinale de este año, recoge sus últimos suspiros, ya en cama y con las cicatrices de la operación de cancer en la cara. Es un Bowles casi rendido y melancólico. El mismo que cierra este recopilatorio con su texto autobiográfico en el que afirma que después de la muerte de su esposa Jane Auer en España “le parece a él que ya nada mas le ha pasado”. Para culminar con un nihilista “Ya no hay nada que nadie pueda hacer sobre nada”.  Bowles se marchó con el siglo, pero el interés por la vida y la obras del escritor nómada se mantiene. Como el viento, su maestría en la crónica viajera permanece.

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(1)  Conversaciones con Paul Bowles en Tánger durante el rodaje del documental Mapas de agua y arena. Las vidas de Jane y Paul Bowles, dirigido por  Javier Martín-Domínguez, a principios de los años 90.
(2)  Desafío a la identidad. Viajes. (Travels. Collected writings, 1950-93). Escritos recopilados por  Mark Ellingham. Sort of Books. Edición española de Galaxia Guttemberg. 2013.



8.9.13

TOKIO. EL COMBATE SUPREMO


EL  COMBATE  SUPREMO
Javier Martín-Domínguez


            La tensión está a punto de estallar sobre un circulo de arena festoneado con sal purificadora. Dos enormes masas de músculos, grasa y huesos, que suman mas de trescientos kilos, se miran con anhelante fiereza. Se han calibrado durante unos minutos y ahora, por fin, cero en el reloj,  chocan frontalmente. Ya no hay tregua.
            La puesta en escena del sumo es exquisitamente grotesca. Para este combate aparatoso pero limpio, los luchadores, de impresionante volumen y engañosa apariencia fofa, solo van cubiertos por un reducido braguero adornado con unos colgantes. Un moño trenzado a la usanza japonesa del siglo dieciocho remata elegantemente las cabezas de estos dos hombres que se envisten con toda su fuerza y pericia para tumbar al contrario, para expulsarlo de este frágil ruedo donde los titanes del Japón llevan dos mil años dispuntandose la victoria, el dinero y la gloria.
            Los puñetazos, arañazos y mordeduras entre luchadores están prohibidos. Esta absolutamente penado  tirar del pelo o tocar las partes intimas del contrario. Pero si valen los manotazos, las bofetadas y otras setenta técnicas de combate registradas. El buen luchador de sumo  debe demostrar un gran equilibrio, ser ágil y flexible, amén de conseguir un centro de gravedad lo mas bajo posible para no ser desplazado de inmediato fuera del ring. De ahí que el proceso de engorde al que son sometidos los luchadores deba procurar un difícil equilibrio entre el aumento de masa corporal y el desarrollo de una efectiva capacidad muscular. 
             En el tira y afloja del combate, la piel carnosa de los esforzados luchadores voltea en el aire como una masa gelatinosa. Si cualquier parte del cuerpo toca la arena, con excepción de las plantas de los pies, la derrota se habrá consumado
. Se empujan con la fe de una fuerza centrífuga que quisiera romper el circulo. Apenas ha corrido el reloj y la caída hacia atrás del mas orondo de los luchadores no se ha hecho esperar mas. El meteorito humano se precipita encima de los osados espectadores que  acuden en primera fila a los combates de la Copa del Emperador.
            Entre el choque, los manotazos, las agarradas de braguero, la presión certera y la caída del derrotado apenas han pasado diez segundos. Es la abultada brevedad
del sumo, el combate supremo de Japón. Oficialmente no es un deporte, sino una habilidad, un arte. La fiesta nacional japonesa, en la que sus protagonistas terminarán sus días de gloria cortandose la coleta sobre el redondel de arena.
            El ganador ha sido, una vez mas, Takanohana. El héroe del momento. Su maestría, prestigio y popularidad se emparejan aquí con las de un gran matador. Tiene 24 años. Mide un metro ochenta y seis. Pesa ciento cuarenta y cinco kilos. No tiene rival. El mas codiciado de los trofeos, la Copa del Emperador, está por cuarta vez  al alcance de sus manos. Situado en el vértice de la pirámide de la estratificada clasificación de los luchadores de sumo, se le conoce por el titulo máximo de yokosuna. Un rango alcanzado laboriosamente y que retendrá hasta su jubilación. Para él son los grandes honores y las altas sumas de dinero barajadas en este espectáculo, que solo va a la zaga del béisbol en cuanto a espectadores y transmisiones televisadas. ¿Cuanto gana?. Responde que no lo sabe, que todo se lo entrega a la mujer del jefe de su heya, la “cuadra”  donde vive y entrena con sus colegas. En esta caso, el jefe- que siempre es un antiguo luchador -y la jefa- la única mujer que vive en el lugar -son ademas sus padres. Todo queda en la casa de esta estirpe de luchadores, que tiene dominado el sumo actual.

            Con apenas quince años, algunos niños japoneses que destacan por su bravuconería, aquellos que hacen imposible la vida a sus compañeros de colegio gracias a su fuerza bruta y su abultada dimensión, pueden correr la suerte de convertirse en alevines del sumo. En medio centenar de casa-escuelas repartidas por el archipiélago, los bravucones son apartados para cultivar su peso y su músculo. Van a probar una de las mas duras y espartanas formas de vida, la de luchador de sumo. Una secta de 700 profesionales en un país de 120 millones de habitantes.
            En la heya  de Tatsutagawa, junto al río Sumida que baña el hormigón de la superpoblada Tokio, viven y entrenan una quincena de luchadores, entre profesionales y aprendices. Para los recién llegado el día empieza a las cinco de la mañana y no hay desayuno después del despertar. Lo prim
ero es la lucha. El chaval que aterrorizaba a sus compañeros de clase debe prepararlo todo, tener lista la pista de entrenamiento y estar dispuesto a ser zarandeado de un lado a otro de la gran habitación de tierra batida. Cientos de kilos de cada titán japonés se estrellan contra su cuerpo. Como les ha ocurrido a otros en su primer día y muchos días después, el bravucón de colegio solo piensa en abandonar. El entrenamiento, con los golpes y llaves, caídas y arrastres se prolonga eternamente, hasta la once de la mañana y sin probar bocado.
            Para ser un buen luchador de sumo, lo primero es aprender a cocinar. Los novatos de esta particular tribu de globos hinchados a punto de explotar tienen que preparar la comida para los profesionales que les han maltratado durante toda la mañana. En esta su nueva vida, estrictamente jerarquizada, mientras aprenden tienen que barrer, limpiar, cocinar y sobre todo esperar. El novato es el último para todo.
La gastronomía del sumo se reduce al chankonabe. En un gran perol, se cuece una base de agua con algas marinas a la que se van sumando trozos de pollo, cerdo, pescado, tofu, zanahoria, cebolla y otras verduras. En el estómago del luchador van cayendo platos y platos  del cocido, acompañados de arroz blanco y torrentes de cerveza. Después llega la siesta reparadora para distender los músculos y favorecer el engorde. Es entonces, cerca de la una de la tarde,  cuando el aspirante a luchador que abrió sus ojos con el alba tiene derecho a comer los restos.

            La historía conocida  del sumo se remonta hasta los mismos origenes de la nación japonesa dos milenios atrás. Todo cambia, pero mi sensación al presenciar una jornada de combates
de la Copa del Emperador es la de asistir a una antigua romería popular en la que los héroes locales se baten cuerpo a cuerpo. Bajo la amplia estructura del estadio Ryogoku Kokugikan, nos sentamos desprovistos de zapatos  en una pequeña zona acotada, con suelo de tatami, a la que te traen comida y bebida. Todo un día en la lucha, al que se van sumando hasta diez  mil espectadores.  
h            Un techo que parece arrancado de un templo sintoísta cuelga sobre la zona de combate. Un residuo de los enfrentamientos al aire libre, cuando servia de protección frente a la lluvia sujetado cuatro columnas, que ahora para mejorar la visibilidad han sido sustituidas por telas de seda en verde, rojo, blanco y negro: los colores de las estaciones. 
            Durante la mañana y el mediodía se han ido desarrollando los combates de las divisiones inferiores. Cuando entrada la tarde se adivina al final del túnel de vestuarios la holgada sombra de Konishiki, el mas voluminoso de los luchadores con sus 278 kilos acuestas, es que la primera división del sumo entra en pista. Estos hombres acostumbrados a besar el barro y andar por los suelos, se presentan en público con sus máximas galas, unos faldones bordados cuyo valor alcanza varios millones.
 El público rompe en un sonoro aplauso cuando avista la llegada del líder. El yokosuna ha subido hasta el dojo, portando los atributos de su condición de hombre invencible: su moño bien trenzado, un gran cordón blanco anudado de trece kilos colgando de su cintura y cinco pequeñas piezas de papel cortadas en forma zigzagueante, que confieren un trasunto de levedad a los laureles del voluminoso campeón. El yokosuna se sitúa en el centro del circulo de arena, abre sus brazos y gira las manos demostrando a la vieja usanza que no oculta arma alguna. Mira hacia el norte y saluda al Emperador. Su presencia en los torneos se remonta al menos al año 720 cuando aparecen las primeras referencias al sumo en la crónica histórica del país Nihon Shoki.
 Acabado el vistoso preámbulo, el arbitro embutido en un quimono del siglo catorce marca con un abanico de guerra el comienzo del combate. Es entonces cuando los luchadores empiezan a regar la arena con puñados de sal. Los preparativos toman mas tiempo que el combate en si. Los jóvenes aprendices no pierden detalle a la espera de su día de gloria, mientras el público anhela otra victoria de  Takanohana. Ha ido derrotando a todos sus contrincantes. Una victoria mas en esta última jornada del campeonato, y mantendrá su supremacía. La filigrana para desalojar a su oponente del redondel ha sido rápida y contundente. En un batir de músculos, el combate mas esperado ha llegado a su fin, visto y no visto. El yokosuna sigue imbatido y acaricia una nueva Copa del Emperador.
Por un año mas, Takanohana seguirá en la cumbre y obligará a retrasar la ceremonia mas vistosa del mundo del sumo, el dampatsushiki. Cuando llega la retirada, el campeón vestido de elegante quimono se sienta en el centro del circulo donde disputó y alcanzó la gloria y permite que desenrollen su intocable moño de pelo aceitado. Familiares, amigos, compañeros de lucha, famosos y aficionados esgrimirán unas tijeras para para ir cortando trozo a trozo la coleta, el atributo largo y sagrado del campeón. Hace una década  trescientas veinte personas pudieron dar el último tajo a la preciada coleta del luchador Wajima, en una ceremonia que se prolongó durante el tiempo récord de una hora y media. A la vista de los resultados, el moño de Takanohana debe esconder una larga trenza, que seguirán cuidando sus alevines a la espera de hacerse un hueco en el competido escalafón para llegar a disputar el combate supremo.- 
(EL PASI SEMANAL)

4.9.13

VERBOS CATODICOS. MARTIN FERRAND Y DAVID FROST. El periodismo de los 70.


VERBOS CATÓDICOS
Javier Martín-Domínguez

En aquellos años setenta, que acumulan tanta nostalgia encima que ya parecen sepultados en la resaca de Vietnam, la televisión fomentó la presencia de lo informativo con reporteros en el campo de batalla y con voces sólidas al frente de los noticiarios. Periodistas hechos para otra cosa, sobre todo para juntar palabras y ordenar noticias en periódicos, tuvieron que dar la cara en el medio. Ocurrió en la BBC con un David Frost, y en TVE con Martín Ferrand. Ambos subían de tono las noticias. Lo que contaban iba a misa. Sabían medir la actualidad de forma cabal y contar con tal aplomo las historias, que daban credibilidad a la pantalla con su verbo catódico. Ferrand hizo muchas cosas. De buenas columnas a organizadas redacciones. Creó un informativo nocturno de mesa camilla, rodeado por un equipo que capitaneaba con aguda solvencia y aventando el tufo a “parte”  oficial. Lo mismo que en Hora 25. Fue otra forma de contar las noticias en aquellos tiempos de locutores encorsetados.




Estos hombres que sabían escribir y sabían hablar, hicieron fortuna en el medio. Lo conquistaron porque les creía su publico. Frost fue la imagen de la verdad frente al denostado Nixon. Ambos dos trascendieron su oficio porque eran hombres de su tiempo y comprometidos con el. Abrieron nuevas ventanas a la forma de manejar la información como sabios de una galaxia multimedia que ellos entretejían desde aquel entonces. Han seguido hasta el ultimo día al pie de su columna o de su cámara, del micrófono y de la pluma. Un veterano del oficio alababa en una ocasión a un colega por su buen transito de la galaxia Marconi a la de Guttember, de vuelta de la televisión a la prensa. “Muchos no lo logran porque la tele les hace vagos y no llenan el folio”.  Frost y Ferrand sabían escribir y hablar para el medio,  navegar con tesón y solvencia en todos los soportes, por formación y destreza. Esta profesión de comunicar alcanza su verdadera dimensión en la talla de los profesionales que despuntan. Frost y Ferrand son columnas que sostienen el peso especifico del gran periodismo moderno.



2.9.13

FIN DE SIESTA. INVASORES


FIN DE SIESTA

Javier Martín-Domínguez


Se termina el tiempo de las siestas estivales, nada furtivas como las de invierno,  que se duermen con un ojo abierto puesto en la telenovela o en los documentales de animales de la 2. Vemos ballenas tragándose toneladas de peces o conejos en su madriguera retratados con máxima calidad por vez primera por BBC. Vemos el desove a plazos de la salamandra, garzas reales, grullas camino del sur y a los arcaicos sapos y su vida en el cañaveral.  Se aprenden muchas cosas sobre el reino animal a la hora de la siesta. Algunas quedarán en mera curiosidad, pero otras facetas de nuestro hábitat necesitan ser conocidas por las amenazas que conllevan. Tras un simple picotazo del mosquito tigre, se adivina una invasión incontrolable. Algunos invasores amenazan la supervivencia de especies propias, como pasó con el cangrejo de río ante la introducción del americano. Fue solo el comienzo. Hay casos de gran trascendencia como el mejillón cebra, que llega a formar tapones en las vías de refrigeración de centrales nucleares. Los mismo sucede con el crecimiento incontrolable de especies que un día fueron ajenas: los visones en Galicia o el caracol manzana en el Ébro. Las especias no son el problema en si mismo, sino quienes que las trasladan a lugares que no deben. Un caso palmario entre los relatados en el documental Invasores de Luís Miguel Domínguez (La 2) es el de los palmeras traídos sin control desde Egipto para decorar el desarrollo urbanístico español, alocado tambien en esta vertiente. Dentro venía el picudo rojo, un escarabajo que amenaza con destruir todos los palmeras. La batalla es dura. Está en marcha. Pero parece que la única solución es la guerra a muerte contra los invasores. El documental muestra la amplia gama de enemigos de la flora o fauna autóctonas. Un peligro total. Los documentales de naturaleza no son pues mera observación del reino animal en su esplendor. Tambien nos alertan sobre la situación y evolución de nuestro habitar cercano y directo. Ojo con dormirse a la hora de la siesta. Mejor mirar y enterarse de los peligros que acechan.

Días de Tokio. Memorias de cuarenta años…

Distintos y distantes como parecen los japoneses, era recurrente, tras vivir allí un tiempo, que me preguntasen: “¿Y pudiste hacer amigos?”....