14.10.18

ARROYO, RAYO INCESANTE

ARROYO ERA UN RAYO INCESANTE. Fulgor y acción. Puñetazo y pintura. Le  salvó  nacer en Madrid ( en el 37) , para poder tener la ilusión del elán francés.Alma parisina, pero con un toque racial que le hacia ser el mismo de forma tan especial. Artista múltiple y único, lo que parece contrasentido; pero todo era sentido y contrasentido en Eduardo Arroyo. Pudo ser boxeador. Tambien torero. Y barbero. Nunca mozo de farmacia, como le invitaba el destino. Inigualable. Ilusionista y trabajador a partes iguales, hombre de su tiempo y amante del renacentismo. Le disfrutamos por Madrid y Malaga, y finalmente en Segovia, su último suspiro. Viva Arroyo, que supo serlo todo para ser el mismo. No hay adios posible. El sale, anda, se marcha….estará donde el quiera. Es decir, en todas partes y de cualquier manera. A bientôt, Eduardo!.



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