10.5.19

MANUEL VICENT Y EL PERIODISMO

Manuel en Denia, por Javier Martin-Dominguez


Discurso de Manuel Vicent al recibir el premio del Club Internacional de Prensa

"El éxito de un periodista no consiste en ser leído, visto u oído sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio y su gloria la de haber sido, como dijo Bogart,  un buen  profesional.



   En medio de la brutal confusión de la vida moderna rige todavía el principio fundamental enunciado por Humphrey Bogart en boca del detective Marlowe: las personas se dividen en dos, en profesionales y en no profesionales. Y este principio inmutable atañe tanto a los  detectives como a los asesinos. También a los fontaneros, ebanistas y panaderos. Y por supuesto a los periodistas. 
  Para que la vida transcurra con cierto rigor y no se produzcan  demasiados sobresaltos cuando uno se despierta cada mañana se necesita que unas personas hayan cumplido simplemente con su deber. Hablo de  ciudadanos corrientes que trabajan dentro de la normalidad. Si un  periódico  es solvente,  si una  noticia del telediario es rigurosa,  si un  comentario de la radio es inteligente y equilibrado se debe a que detrás de las  páginas del periódico, de las cámaras de televisión,  del micrófono de la radio hay un grupo de profesionales exigentes cuya moral consiste solo en realizar un trabajo bien hecho. 
En nuestro oficio se trata de esos periodistas que no equivocan nunca los datos, que contrastan los hechos, que no buscan el escándalo por sí mismo, que no se empeñan en derribar a ningún gobierno, que sólo sienten pasión por la información rigurosa,  que aman la libertad de expresión hasta allí donde empieza la vida privada intocable de cada individuo. Los héroes de este oficio son aquellos periodistas que dan noticias fidedignas, emiten comentarios inteligentes y ponderados, conscientes de que la moderación es la conquista más ardua del espíritu y a la vez el arma más certera. 
Llegar a la cima de esta fortaleza exige cada día una mayor preparación técnica, científica y cultural, acorde con la complejidad del mundo para abrirse paso en medio de la basura mediática de la selva digital compuesta de bulos, chismes, ocurrencias, calumnias e insultos. Algunos dicen que el éxito de un periodista consiste en ser leído. Este principio abre la puerta a cualquier iniquidad. 
Los verás en medio de las ciudades calcinadas bajo los bombardeos o entre los escombros que dejan los cataclismos de la naturaleza.  Son esos tipos, hombres y mujeres, que  disparan sus objetivos, enfocan  las cámaras de televisión, toman apuntes directamente de esas tragedias en un bloc sudado que luego guardan en el bolsillo de atrás del pantalón. 
Son esos ejemplares humanos, mujeres y hombres, audaces, fríos y, a veces, desesperados. En efecto, unos periodistas se mueven a sus anchas en medio de las hecatombes, pero otros con su mismo coraje, hombres y mujeres,  también dan lo mejor de su talento abriéndose paso en la selva de los políticos, en el secreto de los tiburones financieros, en las cloacas del Estado, en el tejido cotidiano de las horas y los días donde los crímenes ordinarios se mezclan con el latido de las pequeñas pasiones y la lucha por la vida de la gente tributable. 
Dijo Robert Capa: si tu foto no es buena es porque no estabas lo  suficientemente cerca. Lo mismo se puede afirmar de los editoriales, de los artículos de opinión, de las  crónicas, de los reportajes.  Como dijo Dylan Thomas, un buen periodista debe procurar ante todo ser bien recibido en el depósito de cadáveres. Aunque sólo sea, como en la película Primera plana, de Billy Wilder, para conseguir de madrugada un poco de hielo para el whisky, aunque hoy la bohemia ya no se lleva. . 
    Hoy la información está unida a la  comunicación y la comunicación al espectáculo y el  espectáculo a la audiencia y la audiencia al negocio y el negocio a la ganancia, al dinero.  La sobrecarga de información, de comunicación y de espectáculo a la que estamos sometidos desde la mañana a la noche, e incluso durante el sueño, hace que la realidad se rompa en mil pedazos cada día y se convierta en una ficción: cada esquirla de ese vidrio del escaparate roto nos devuelve un fragmento quebrado de lo que creemos que es la actualidad que estamos viviendo. 
Las noticias de la radio, las imágenes de la televisión, la lectura del periódico se inmiscuyen en nuestras vidas hasta constituir una sola amalgama con nuestros sentimientos, con nuestra ideología, con cada uno de nuestros deseos, y al final ya no podemos distinguir lo que oímos, lo que vemos y lo que leemos de lo que soñamos. Para eso están los buenos periodistas para elevar la realidad a sustancia de la vida. 
Hoy la libertad de expresión se halla bajo la directa o indirecta amenaza  del poder, el periodismo sigue siendo una profesión de muy alto riesgo, pero el desafío consiste en continuar trabajando para que la información, uno de los derechos humanos más sagrados, se dirija a la inteligencia de los  ciudadanos, no al cerebro de las emociones primarias, del fanatismo,  de las creencias, de las banderas y de las patrias, de las filias y las fobias, ni mucho menos al cerebro del reptil que todavía subyace en el fondo del cráneo humano y que nos gobierna los instintos básicos y los impulsos ciegos.  El éxito de un periodista no consiste en ser leído, visto u oído sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio y su gloria la de haber sido, como dijo Bogart,  un buen  profesional. " 

28.12.18

COMIC vs. CINE. Las mutaciones de Spiderman y…de Kapuscinski.





LA BUENA IMAGEN,  por  MARTÍN DOMINGUEZ

COMIC vs. CINE. Las mutaciones de Spiderman y…de Kapuscinski.

La evolución de los metalenguajes del universo digital está haciendo cierto el axioma de que la intensificación de las cualidades de un medio, exprimido  hasta sus limites, terminan revirtiendo en la segunda vida de un medio previo.  Ahora que podríamos utilizar la videoconferencia entre móviles inteligentes, le damos mayormente al wasap potenciando la vieja escritura. Cuando habíamos sepultado las cartas, revitalizamos mas y mas el teclado de ordenadores y móviles. 

Por eso no extraña que en la nueva entrega de Spiderman la base del tratamiento de imagen esté basada en la estética del comic, justo ahora que los héroes de Marvel han elevado a la enésima potencia las secuencias de acción inverosímiles, en Infinity Wars. 
De la misma manera que ahora que el periodismo agoniza se hace una película en honor del maestro polaco de nombre imposible y para contar la verdad del oficio se hace a través de la animación.

Lo único cierto hoy es que vivimos en una base digital. Pero los lenguajes que la construyen son variados, se entrelazan y superponen, recurriendo el autor a metalenguajes que superan los medios y las gramáticas al uso.
El comic vivió siempre con el anhelo de ir mas allá de las dos dimensiones y de tener que comerse pasos de tiempo. El cine era en cambio la expresión total. Secuencias mas activas, realistas y sin tiempo condensado.
El nuevo Spiderman ha evolucionado, recreado el metalenguaje del comic y creado una nueva estructura temporal, que desafiaría al propia Einstein, varias veces citado en el guión. El comic y el cine casan lo mejor de sus metalenguajes, se intercambian guiños y posibilidades, dentro de un estética que suma los colores psicodélicos y el pop-art, enhebrada con animaciones que tiran de las posibilidades de los fractales. Nunca el comic llego tan lejos, ni el cine supo mutarse hacia atrás para dar otro salto hacia delante. Dos horas de requiebros de animación que hacen de esta araña una mutante transfigurada, para abrir la vía expresiva del entretenimiento dibujado y subirla a nuevas cimas. 
Si Spiderman se ha transfigurado en la magia de la expresividad digital en esta entrega llamada claramente “Un nuevo universo”, nuestro colega Kapuscinski se hace dibujo para reconocer al periodista que se esconde tras la firma y al periodista que antepone el compromiso a la ética de contar sin ocultar lo que pasa. Complicados requiebros en la historia condensada en “Un dia mas con vida”, que nos hace ver que ni el periodismo no obedece a una sola teoría, Ni tampoco la animación, ni el cine, ni nada….en el nuevo mundo digital.


25.12.18

UN DISCURSO REAL

LA BUENA IMAGEN,   por MARTÍN DOMINGUEZ


SOLO LA CORONA SE MUEVE


--Colocarle al rey como prólogo de su adusto discurso unos “efectos especiales” demodés contaminan de antigüedad su mensaje antes incluso de empezar.




La Buena Imagen: SOLO LA CORONA SE MUEVE, por MD
--Colocarle al Rey como prólogo de su adusto discurso unos “efectos especiales” demodés contaminan de antigüedad su mensaje antes incluso de empezar.

El rito asienta las culturas, pero sin duda las alimenta de aburrimiento por su consustancial repetición. Eso le pasa a las fiestas de cualquier tipo, que presas de sus reglas acaban por mortificar a sus participantes. Solo las pequeñas variantes, fruto de la inventiva o de un descuido o cualquier perversión, animan el paso del rito haciéndole un poco mas llevadero. Es lo que pasa con las noches televisivas de la Navidad o del fin de año, que siguen colgadas del año anterior y del anterior y del anterior; y a pesar de sus colores chillones o su confeti acaban aburriendo al espectador.
Para empezar la noche televisiva nos ponen el mensaje del Rey, cuyo contenido si cambia, pero que se inicia con unos efectos especiales sobre el escudo de España que se han quedado en aquel arte del video de los años ochenta, muy lejos de la actual versatilidad digital que facilitan nuevas soluciones gráficas casi ilimitadas,
Colocarle al Rey como prólogo de su adusto discurso unos “efectos especiales” demodés contaminan de antigüedad su mensaje antes incluso de empezar. O también podría pensarse que, en la mcluhiana simbiosis de medio y mensaje, lo que se nos querría proponer- tan subliminalmente…-es que nada cambia; ni en la televisión publica, ni en la corona. El único cambio perceptible fue la introducción durante el discurso de un travelling lateral, en lugar del viejo recurso al zoom, que murió como deberían haber muerto ya los afectos pre-digitales de la careta televisiva. Solo la corona se mueve….un poco.
A este preludio con tufo añejo, le siguió un aroma a tanta nostalgia, que hacia imposible despertar el interés por una Telepasión que no sabe ni siquiera buscar nuevos hits musicales mas allá de los tiempos de Karina. La pública se ha dormida en la rutina televisiva y su única añoranza parece el lalala, ya sea de Massiel o de Serrat (aquella versión tan grisácea y años enlatada, rodada en el parking de Prado del Rey), pero siempre sesentero. Esta claro que la mejor televisión es la que se hizo ayer, porque ya no se ha sabido hacer otra. Pero imitarla tarde y mal produce este vértigo de confundir nostalgia con antigüedad. Despues de Pilar Miro, el Prado se convirtió en páramo. Ya no queda creatividad, ni ganas de montar un (buen) Belempor
Navidad. El invento de Javier Caballé, fallecido este año, y al que no le quedó el copyright, se ha quedado entumecido. Repetirse es un rito, que solo conduce al aburrimiento.

14.10.18

ARROYO, RAYO INCESANTE

ARROYO ERA UN RAYO INCESANTE. Fulgor y acción. Puñetazo y pintura. Le  salvó  nacer en Madrid ( en el 37) , para poder tener la ilusión del elán francés.Alma parisina, pero con un toque racial que le hacia ser el mismo de forma tan especial. Artista múltiple y único, lo que parece contrasentido; pero todo era sentido y contrasentido en Eduardo Arroyo. Pudo ser boxeador. Tambien torero. Y barbero. Nunca mozo de farmacia, como le invitaba el destino. Inigualable. Ilusionista y trabajador a partes iguales, hombre de su tiempo y amante del renacentismo. Le disfrutamos por Madrid y Malaga, y finalmente en Segovia, su último suspiro. Viva Arroyo, que supo serlo todo para ser el mismo. No hay adios posible. El sale, anda, se marcha….estará donde el quiera. Es decir, en todas partes y de cualquier manera. A bientôt, Eduardo!.



7.7.18

3 minutos. San Fermín

TRES MINUTOS
                             
J. Martín-Domínguez



Cuando se reúnen todos los ingredientes de un buen guión: lucha de contrarios, acción progresiva y torrente de emociones, la atracción del espectador se alcanza de forma infalible. Pongamos a los protagonistas entre la vida y la muerte, con un tiempo tasado y un escenario de “road movie” con principio y fin. Y si  la historia está condensada en una secuencia imparable de apenas tres minutos, se garantiza que será vista, una y otra vez, día tras día, año tras año, porque crea adicción.
            Así ha sido, es y será la retransmisión de los encierros de San Fermín que reúne ante el televisor  a una legión de devotos tan apiñada como la de los mozos en el callejón. En la liga del zapping mundial, la marca España se ha revalorizado en las ultimas semanas con la eurocopa, con Nadal, Valverde o Alonso que van arañando minutos a la CNN y a los 24 Horas en distintos idiomas. Pero la secuencia reina, pasada en cada una de las televisiones del globo, es la que protagonizan los morlacos y los hombres de blanco y rojo  por Estafeta bajo el ojo atento de las cámaras, que  pocas veces tienen a tiro fijo un espectáculo tan breve como intenso.
            Solo un acontecimiento peninsular tiene hueco seguro en las agendas televisivas del planeta, marcando a todo un país con las etiquetas de “fiesta”, “toro”, “locura”…Improvisadores de ilusiones, que decía Cioran de los españoles, dispuestos a jugársela en unos minutos, para entrar en la lista de los que presumen de haber corrido la milla mas peligrosa con prueba documental trasmitida a cada cofín del planeta. 
            La emisión se ofrece despojada de todo aditamento y de cualquier narración. La historia por si misma. Esta pasando, lo están viendo…y sintiendo. Después llega el comentario, el zoom, la doble pantalla, la cámara lenta, la ampliación digital….para ir desgranando detalles  que estiran los tres minutos  a toda una hora para descubrir momentos de riesgos ocultos por la prisa. Los milagros sanfermineros detallados por la cámara. Servir el drama en directo marca el apogeo de la televisión.

3.7.18

RTVE. En busca del proyecto

RTVE, que está en los cielos

Necesitamos un plan director, no una elección rápida de un jefe de Informativos, para que la TV pública sea un elemento dinamizador del futuro audiovisual y digital español


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Siempre ha sido ese oscuro objeto del deseo, desde su fundación en el franquismo al periodo de Adolfo Suárez director, y también en la democracia, con cada partido disputándose su mano. Se da a la radio y televisión estatales un poder de marcar las mentes de los ciudadanos y la orientación del voto. Pero quizá sea una mera leyenda urbana, Tras asentarse las televisiones privadas y autonómicas, y más ahora con el dominio de internet. Con una cuota de pantalla por debajo del 10%, cómo puede pensarse que la televisión estatal determine nada… Y aun así, siempre ha marcado tendencia, incluso después del huracán Zapatero, que la dejó en los huesos y tiritando: sin cuadros experimentados y sin financiación coherente.
Cierto es que se hizo un ensayo de estabilidad tras el periodo de acumular deuda, y de consenso democrático que nadie se creyó del todo y que apenas a dos años de probarse naufragó. Desde ese momento, además, TVE dejó de ser líder de audiencia. Más allá de la reforma voluntarista de 'los sabios de turno' que no se aplicó por delirante; de la reforma real, que acabó con la 'espantá' del primer presidente elegido por consenso, lo cierto es que el modelo de RTV pública estatal quedó como consecuencia de ello, y de nuevo, a la deriva. No debe estrañar por tanto que lo único que interese controlar cuando llegan los cambios políticos es su aparato estrella: los informativos. Y quizá por eso cada nombre que sonaba como presidenciable venía del periodismo. Comprensible, pero tremendamente insuficiente. Por que TVE es y debería ser mucho más.


RTVE debe ser la estructura estable del audiovisual español; la que invierte en el cine del futuro y en las series que deben corresponder a autores propios; la que se enseña en el mundo a través de los canales internacionales, la de la red de corresponsalías, centros territoriales y demás nervios vertebradores; la de la innovación digital; la de los formatos rompedores, de los documentales imprescindibles; la de la red europea UER, desde Eurovisión a los conciertos de clásica o las pruebas deportivas, etc.
Vista la omnipresencia de las autonómicas en sus territorios, es justo preguntarse si TVE no debe cumplir el mismo papel vertebrador a nivel estatal. ¿TV3 sí y TVE no? ¿Cultura catalana sí, pero española no? La respuesta parece obvia. Lo importante sería armonizar el papel de todas y cada una de las TV públicas ( y de sus radios); al igual que armoniza ya para producir cine vasco o catalán, que sin TVE no saldrían a flote. Esta es una clave extensible a otros ámbitos para entender el gran papel de RTVE en el audiovisual español.
Necesitamos un plan director, no una elección rápida de un jefe de Informativos, para que la TV pública sea un elemento dinamizador del futuro audiovisual y digital español. En eso radica la igualdad de modelo con una BBC. La planificación de los grandes contenidos (programa, series, cine, animación, cursos de español…) que coloquen al audiovisual español en el lugar que le corresponde. Y para cubrir las lagunas (en información, series históricas o literarias, animación, etcétera) que la iniciativa privada deje sin cubrir.


Las grandes ocurrencias sobre el modelo español de RTV han sido varias. Desde la de la falsa autofinanciación, que derivó en la superdeuda, a la de los sabios que no tenían televisor, que derivó en la quiebra de audiencia, hasta la del que pone un director de Informativos al frente de una corporación de 1.000 millones.
La profesionalización, trasparencia e independencia son las claves. Tengo a gala ser quizás el único alto ejecutivo que ha trabajado en administacion de partidos diferentes (sin ser purgado), como director de gabinete del presidente y como secretario general del director, con PP y con PSOE. Esa debería ser la regla de neutralidad y profesionalidad. Y que el sistema de elección de mandos sea tan trasparente que incluso no deban elegirlo los partidos, sino las instituciones que se determine, y en concurso público. Solo así la TV pública será pública, del público; y no estatal, de quien controle ese momento los aparatos del Estado. La situación actual solo hace pensar que quien está decidiendo quizá no sabe ni de qué va, ni para qué sirve la RTV de un país democrático tan audiovisualmente importante como es España. Tambien es cierto que al que sabe, como sucedió con 'la trabajadora de la casa' Pilar Miró, se le buscaron las vueltas para que no llevase la televisión pública hasta el cielo que le corresponde.
*Javier Martín-Domínguez trabajó en RTVE, como periodista y como ejecutivo, ocupando entre otros puestos la secretaría general de TVE y la dirección de gabinete en RTVE.

18.5.18

TOM WOLFE VISITA A LOS ÁNGELES DE METAL (1980)



TOM WOLFE VISITA A LOS ANGELES DE METAL
Javier Martín-Domínguez
EL PAIS. 
Domingo, 13 de abril de 1980. 
LIBROS/5

“Otra vez; esto no puede pasar otra vez”, cantaba Nat King Cole, y tatareaban los norteamericanos de finales de los cincuenta, entre el disgusto y el afán de revancha por el adelanto de los soviéticos en la carrera espacial. Hiriendo el orgullo del avance tecnológico estadounidense, el 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética había lanzado su primer satélite, de l aserie Sputnik, hacia los cielos concretos.
La cacareada “desgracia nacional2 se hacía mas profunda solo cuatro semanas mas tarde, cuando el Sputnik IIprendía sus sistemas de ignición. Al otro lado del Atlántico, el proyecto Vanguardaún tenía marcado en el calendario un año de preparativos.
Pero había que responder. Y el tres, dos, uno de la cuenta atrás norteamericana se adelantaba a las dos menos cuarto del 6 de diciembre de 1957. El Vanguard I, made in USA, despegaba. Apenas unos metros de ascenso, entre polvo y llamaradas, cuando las palmas y las sonrisas quedaron congeladas al hacer estrepitosamente a tierra. “Otra vez; esto no puede pasar otra vez”, repetía fastidiosamente la tonadilla.
La tecnología y los ensayos aeroespaciales progresarían a empujones de los científicos y los políticos de la “guerra fría”. Una lucha contra el reloj entre las superpotencias, con sus estadios en la primera órbita terrestre, el primer animal en el espacio, el primer ser humano a bordo de una cápsula…, el pisotón en la Luna.
Entre el fetichismo técnico y el “crea mitos televisivo”, una parte fundamental de todo el invento se fue, se ha ido quedando en la trastienda del conoc9mento: la historia intima de los cosmonautas, de carne y hueso a pesar de sus extraños y distantes ropajes de gurús del futuro.
Las historias espaciales- con esporádicas fotos del último planeta violado por las cámaras ultramodernas –han ido quedando relegadas, hasta de las páginas de los periódicos, por las historietas de ciencia-ficción. Pero ahora- justo cuando la guerra fría brota con nuevos bríos –el artesano y teórico del nuevo periodismo americano, Tom Wolfe, nos sorprende con una obra que quiere romper la cortina de olvido y la asimilación, para acercarnos a la odisea íntima de los primeros hombres americanos en capsulas espaciales: los del proyecto Mercury.


Para consuelo de los políticos de turno, Wolfe se largó con sus aparatos de medir, cintas de magnetófono, cuadernillos de cuadricula y lápices de colores a los archivos de la NASA, a las casas de los olvidados héroes espaciales, a las rampas de lanzamiento o a cualquier sitio donde quedaran huellas de las odiseas tecnológicas y, sobre todo, humanas de los primeros astronautas. Cerca de seis años ha empleado Tom Wolfe en meter material por su afilado pararrayos de reportero lúcido, para dar rienda suelta a su no menos afilado y fluido sismógrafo literario, y plasmar las 437 páginas de The Right Stuff, ahora disparado en la lista de los libros mas vendidos de Estados Unidos (el título es una frase hecha en el inglés que podría traducirse por El buen material) [Finalmente la traducción al español llevó por titulo Lo que hay que tener. Y mas tarde se subtituló con el de la película basada en el libro: Elegidos para la gloria]
Wolfe solo ha hurgado lo necesario en las complicaciones técnicas –abultadas y comercializadas para el consumo popular en La Guerra de las Galaxias o el Star Trek de turno –metiéndose de lleno en el cuarto de estar con el telefónico de las angustias de las esposas de los astronautas, en las entretelas y el pellejo de los “nuevos ángeles” y en las calles de la pesadilla colectiva provocada por la Guerra Fría, causa de fondo de la competencia por ser el primero en los cielos.
Dice el periodistas-novelista en sus declaraciones a la prensa que “todavía no tenemos héroes en Estados Unidos; al menos en el sentido de héroes nacionales. Solo los tenemos cuando hay una verdadera amenaza externa para el país. En el caso de los astronautas, que ciertamente fueron héroes, el peligro era la guerra fría. Es difícil recordar ahora lo peligrosa que aparecía. Esta fue la razón por la que los primeros siete astronautas fueron héroes instantáneos, mientras que los seleccionadas posteriormente, cuando la guerra fría remitió, no alcanzaron ese status”.
Como en su Gaseosa de ácido eléctrico(Ediciones Júcar, Madrid, 1976)), los datos y escritura de Wolfe demuestran en su última obra que todavía persiste el trasvase y las interferencias entre novela y reportaje, que provocaron el nacimiento del nuevo periodismo (como bautizo Peter Hamill en 1965 aquella tanda de reportajes-artículos-novelas cortas-crónicas-lo que sea… que empezaban a imprimirse en la prensa norteamericana durante la “década prodigiosa”); que solo el límite de las páginas o la forma de empaquetar el producto literario implican una etiqueta u otra; que la dimensión estética del reportaje está ahí, es querida y exigida.
No olvida tampoco ahora Tom Wolfe ninguno de los métodos- citados en su ensayo sobre la nueva corriente periodística, (El nuevo periodismo, Anagrama, 1976) –para elaborar los relatos presentados como novela-realidad: desde la construcción escena por escena, al registro del dialogo en su totalidad o la relación de gestos cotidianos, hábitos, modales y otros detalles simbólicos que puedan existir en el interior de la escena.
Las peripecias de los Glenn, Shepard, Grisson,…de sus esposas anhelantes junto al teléfono frente al televisor…, de los ingenieros con sus computadoras de mil botones,…está contada magistralmente por Wolfe. Según algunos su obra mas acabada, con una perfecta relación fondo-forma. Y enlatada entre tapas de duro cartón con vistosa solapa. En cambio, el no menos lúcido análisis hecho por Wolfe sobre la década de los setenta (“El hedonísticos cielo de los boom-boom setenta”) aparece entre las frágiles y perecederas páginas de la revista Life.
Pero uno y otro llevan el mismo engarce del estilo saltarín, penetrante, ácido a veces del santón del nuevo periodismo. Con o sin etiquetas, las formulas de los Tálese, Mailer, Goldsmith… de los sesenta siguen vivas y vigentes al inicio de esta década. Desde las paginas de Esquire, Rolling Stone(donde aparecieron algunos capítulos del libro), The Village Voice, Mother Jonesy demás familia impresa, el nuevo periodismo sigue tan lozano como cuando nació, robando a la novela algunos de sus mejores bocados y dando la necesaria dimensión de realidad y estética al reportaje. “Otra vez; esto si tiene que repetirse otra vez”, dice ahora la canción.

MANUEL VICENT Y EL PERIODISMO

Manuel en Denia, por Javier Martin-Dominguez Discurso de Manuel Vicent al recibir el premio del Club  Internacional  de Prensa &q...