2.9.19

BARBARA PROBST SOLOMON. El puente Nueva York-Madrid













Barbara , la mas imprescindible de las amantes de España en Nueva York. Inmensa en su  inteligencia, ironía, sensibilidad y compromiso. La retrate en su casa junto al halcón maltés que acompañaba su escritura. Y se dejó subir a un coche con Nicolas Sanchez Albornoz y rememorar por Central Park, el rescate y huida de Cuelgamuros. para TVE en mi periodo de corresponsal. Con la entrega del  premio Cuco Cerecedo en el Ritz compartimos las ultimas confidencias, en compañía de su familia. Grande como la vida, neoyorquina envuelta en viajes, literaria de fondo, Barbara era imprescindible y es inolvidable.  BARBARA PROBST SOLOMON. El puente permanente con voluntad de acero
entre Nueva York y Madrid
Barbara Con Norman Mailer

17.7.19

Mi Viaje a la luna

MI VIAJE A LA LUNA. Eclipse y lluvia de estrellas.        
               

Se cumplió el sueño de un verano. Y no hay nada mas grande que cumplir el sueño de  verano. Y no le hay mas alto si es el de tocar la luna. Yo espere paciente y casi asustado al lado de mi padre hasta que el aparato philco que había venido de America nos enseñase coo una nave hecha de luz y pintada en blanco y negro se posaba entre cráteres para hacernos sentir el extasis de la humanidad. Todos, yo tambien, hablamos pisado la luna. Como si todos los sueños se encerraran en uno, en este de estar absorto ante un televisor y creer que todo, todo era ya posible.
           

 Fue la primera vez, y la última conocida, en la que la humanidad al completo  vivió unida a través de la electrónica una experiencia de felicidad colectiva al conseguir un nuevo reto, en el verano del 69. El hito de la primera retransmisión televisada a todo el mundo desde fuera del planeta ya fue un alarde en si mismo. Pero lo más grande fue el sentido de comunidad creado entre los terrícolas que veían juntos como un hombre llegaba a la luna, y con él todos nosotros. El mas soñado de los viajes se había hecho realidad.
            No por sorprendente había dejado de ser previsto. La bola luminosa que marca nuestras mareas siempre había querido ser alcanzada y tocada. En el mundo moderno fué Méliès quien cautivó a las audiencias de las primeras salas de cine en 1902 con un Viaje a la luna repleto de trucos para asaltar la imaginación. Fue el primer paso para dar verosimilitud al sueño. Aquella gran operación de efectos especiales bebía en las fuentes del gran Julio Verne que a finales del siglo XIX había publicado la novela De la tierra a la luna en la que incluía tantas premoniciones como la de que serian tres los ocupantes de la capsula espacial. “La apoteosis fue digna de aquellos tres hombres, que la fábula hubiese sin duda elevado al rango de semidioses”, es su frase final.
            El viaje de verdad remató los convulsos años sesenta en los que el mundo apostó decididamente por saltar muchas fronteras. La revuelta de los adoquines del Mayo del 68 francés y los movimientos de liberación del hipismo americano dejaban a las claras que los tiempos estaban cambiando. Una nueva sociedad pedía abrirse paso y sería John Kennedy quien tomase la bandera para hacer posible lo imaginado incluso en la conquista del espacio.
Sin duda que el reto fue consecuencia de la competencia de los bloques. La Unión Soviética iba por delante de los americanos, lanzando el primer cohete, subiendo al espacio a la perrita Laika y colocando en órbita al primer astronauta, Yuri Gagarin. La respuesta debía ser contundente, por espectacular, y se decidió colocar a un hombre en la luna. El resto es historia.
            Solo unos cuantos aventureros del mar fueron testigos y protagonistas de la conquista precedente jamás imaginada, la de América. Y se necesitó un viaje de vuelta para contarla y hacerla creíble. Para la gloria instantánea a Colon le faltó la televisión. Y no solo eso, que en cada casa hubiese un televisor. Esas imágenes empañadas de ruido electrónico, de nieve en el argot del medio, con escasa definición y acompañadas de un sonido deficiente no habrían sido suficientes para certificar el mayor logro de la humanidad en todos los tiempos si solo hubiesen podido verse en la base de la NASA en Houston. Debían ser compartidas por todos para ser asumidas y entrar así definitivamente en una nueva era. El nuevo gran salto de la humanidad, en voz de Neil Armstrong. Ya nada sería igual. Asumimos en aquel instante, tan perplejos como ilusionados ante la tele en blanco y negro, que era posible realizar cualquier sueño.
            Siempre ha habido descreídos que vieron el asunto como una engañosa producción televisiva de bajo presupuesto. Quizá porque solo un año antes de la misión lunar, en 1968 las salas de cine habían llegado a un futuro mas lejano con la proyección de la obra maestra de Stanley Kubrick “2001, una odisea espacial”. Sus fotogramas están a años luz  de las pulsantes imágenes televisivas, y todavía hoy permanecen vivas y actuales dando verosimilitud a la ciencia-ficción. Kubrick llevó mucho mas lejos la conquista visual del viaje de los viajes transportándonos no solo hacia Júpiter sino al otro lado de la consciencia. Y además introdujo el concepto de la maquina que se revela contra los humanos doblando la esquina del embelesamiento tecnológico en el que la conquista del espacio nos podía embaucar. Otros dos ingleses, los hijos del gran Nicholas Roeg y de David Bowie firmaron un nuevo salto cinematográfico que aúna las dos grandes historias con la película “Moon”, en la que un ingeniero lunar se ve sometido al chantaje de una maquina que no le deja regresa a tierra.
            Y vuelta a empezar. Los conquistadores conquistados. Metidos de pies y manos en el mundo digital quizá no sepamos discernir si lo visual es cierto, si la realidad puede ser recreada y nos preguntemos como de real es lo real. Para García Lorca-  que también cayó en la tentación de hacer en Nueva York un Viaje a la luna, mitad poema, mitad guión –pesaron mas los aspectos oníricos y el concepto de cara oculta y doble personalidad que las elucubración científica. Pero esa ilusión poderosa de la conquista de “lo otro”, que llevamos a la pantalla con la maestría de la luz de Javier Aguirresarobe, volvía a dar la razón a los poetas: la conquista de la luna no es posible, ni cierta. El viaje a la luna, mas allá de la NASA y sus astronautas, siempre estará por hacer. Es parte del sueño y la quimera de los hombres, que unas imágenes borrosas de televisión no pueden truncar.  Era un sueño. Y lo seguirá siendo. En el duermevela de la vida los eclipses y las lluvias de estrellas son los que marcan el sendero, la vía siempre accidentada, homerica para aterrizar un día en la luna. Bendito viaje!  
             

8.7.19

LA SUERRE DE SAN FERMÍN

La suerte  de San Fermín.
Ni local, ni nacional, la fiesta es patrimonio del mundo entero. Y de cada uno que la vive en directo. Ahora es la televisión, y más aún, internet, quienes propagan el escalofrío de la carrera de sanfermines a los cuatro confines. En la era Gutemberg, su apóstol mayor fue Ernest Hemingway. Peculiar carrera la de don Ernesto. Héroe periodístico para los republicanos en la Guerra Civil, volvió para ser coronado como adalid del toreo. Hoy quizá fuese declarado persona non grata. Al menos en Cataluña. Pero en definitiva ha quedado como embajador perenne de un espectáculo sin igual, en el que la vida y la muerte corren en paralelo, cortejadas por mozos anónimos con la misma camiseta e idéntico pañuelo. Se esfuerzan ahora las cámaras en buscar el primer plano cuando el morlaco roza el muslo. Pero el mérito está en el conjunto, en la carrera de todos, mozos y toros revueltos, amigos o enemigos peligrosos de tres minutos de vuelo. Quien haya estado dando botes de miedo en Estafeta hasta que empieza la carrera, entenderá que se culpe al amigo que te llevó a tal extremo del mejor y el peor momento de tu vida. Se va de la angustia al éxtasis-de-haberlo-hecho en menos de tres minutos. Un borbotón de adrenalina. Eso no sale por la televisión.

Acuso a los Sanz y a los Erviti de turno, que me condujeron al callejón de la tortura para salir ileso y feliz. A Manu Leguineche por alentar el bautizo sanferminero y compartir la aventura que él adoraba.  Como le pasó a Hemingway y testifican sus 'amigos peligrosos'. Recuerdo ese título de las memorias de su compañero más cercano de correrías en España, el guionista americano Peter Viertel ('La reina de África'), que acabó sus días en Marbella, junto a Deborah Kerr. «Me di cuenta, con cierta alarma, que a medida que madurábamos había un rasgo destructor en su carácter». Quizá Ernest debió seguir metido en esta carrera anual, llena de todo sentido y de ninguno, para estar apegado a la vida. Para vivificarse en el rito y fortalecerse en el esfuerzo. Eso es lo que nos da la carrera; y solo lo verá uno desde dentro si tiene la suerte de tener unos 'amigos peligrosos' que te cuenten el secreto. Aunque visto desde el hoy parece una locura, me enorgullece contarlo porque la suerte de superar el riesgo es como un empujón para seguir viviendo y tentando otras suertes. Viva San Fermin, ayer y siempre.

3.7.19

UN VERANO EN LA LUNA. 50 aniversario

UN VERANO EN LA LUNA
Javier Martín-Domínguez

Se cumplió el sueño de un verano. Y no hay nada mas grande que cumplir el sueño de  verano. Y no le hay mas alto si es el de tocar la luna. Yo espere paciente y casi asustado al lado de mi padre hasta que el aparato philco que había venido de America nos enseñase coo una nave hecha de luz y pintada en blanco y negro se posaba entre cráteres para hacernos sentir el extasis de la humanidad. Todos, yo tambien, hablamos pisado la luna. Como si todos los sueños se encerraran en uno, en este de estar absorto ante un televisor y creer que todo, todo era ya posible.
           

 Fue la primera vez, y la última conocida, en la que la humanidad al completo  vivió unida a través de la electrónica una experiencia de felicidad colectiva al conseguir un nuevo reto, en el verano del 69. El hito de la primera retransmisión televisada a todo el mundo desde fuera del planeta ya fue un alarde en si mismo. Pero lo más grande fue el sentido de comunidad creado entre los terrícolas que veían juntos como un hombre llegaba a la luna, y con él todos nosotros. El mas soñado de los viajes se había hecho realidad.
            No por sorprendente había dejado de ser previsto. La bola luminosa que marca nuestras mareas siempre había querido ser alcanzada y tocada. En el mundo moderno fué Méliès quien cautivó a las audiencias de las primeras salas de cine en 1902 con un Viaje a la luna repleto de trucos para asaltar la imaginación. Fue el primer paso para dar verosimilitud al sueño. Aquella gran operación de efectos especiales bebía en las fuentes del gran Julio Verne que a finales del siglo XIX había publicado la novela De la tierra a la luna en la que incluía tantas premoniciones como la de que serian tres los ocupantes de la capsula espacial. “La apoteosis fue digna de aquellos tres hombres, que la fábula hubiese sin duda elevado al rango de semidioses”, es su frase final.
            El viaje de verdad remató los convulsos años sesenta en los que el mundo apostó decididamente por saltar muchas fronteras. La revuelta de los adoquines del Mayo del 68 francés y los movimientos de liberación del hipismo americano dejaban a las claras que los tiempos estaban cambiando. Una nueva sociedad pedía abrirse paso y sería John Kennedy quien tomase la bandera para hacer posible lo imaginado incluso en la conquista del espacio.
Sin duda que el reto fue consecuencia de la competencia de los bloques. La Unión Soviética iba por delante de los americanos, lanzando el primer cohete, subiendo al espacio a la perrita Laika y colocando en órbita al primer astronauta, Yuri Gagarin. La respuesta debía ser contundente, por espectacular, y se decidió colocar a un hombre en la luna. El resto es historia.
            Solo unos cuantos aventureros del mar fueron testigos y protagonistas de la conquista precedente jamás imaginada, la de América. Y se necesitó un viaje de vuelta para contarla y hacerla creíble. Para la gloria instantánea a Colon le faltó la televisión. Y no solo eso, que en cada casa hubiese un televisor. Esas imágenes empañadas de ruido electrónico, de nieve en el argot del medio, con escasa definición y acompañadas de un sonido deficiente no habrían sido suficientes para certificar el mayor logro de la humanidad en todos los tiempos si solo hubiesen podido verse en la base de la NASA en Houston. Debían ser compartidas por todos para ser asumidas y entrar así definitivamente en una nueva era. El nuevo gran salto de la humanidad, en voz de Neil Armstrong. Ya nada sería igual. Asumimos en aquel instante, tan perplejos como ilusionados ante la tele en blanco y negro, que era posible realizar cualquier sueño.
            Siempre ha habido descreídos que vieron el asunto como una engañosa producción televisiva de bajo presupuesto. Quizá porque solo un año antes de la misión lunar, en 1968 las salas de cine habían llegado a un futuro mas lejano con la proyección de la obra maestra de Stanley Kubrick “2001, una odisea espacial”. Sus fotogramas están a años luz  de las pulsantes imágenes televisivas, y todavía hoy permanecen vivas y actuales dando verosimilitud a la ciencia-ficción. Kubrick llevó mucho mas lejos la conquista visual del viaje de los viajes transportándonos no solo hacia Júpiter sino al otro lado de la consciencia. Y además introdujo el concepto de la maquina que se revela contra los humanos doblando la esquina del embelesamiento tecnológico en el que la conquista del espacio nos podía embaucar. Otros dos ingleses, los hijos del gran Nicholas Roeg y de David Bowie firmaron un nuevo salto cinematográfico que aúna las dos grandes historias con la película “Moon”, en la que un ingeniero lunar se ve sometido al chantaje de una maquina que no le deja regresa a tierra.
            Y vuelta a empezar. Los conquistadores conquistados. Metidos de pies y manos en el mundo digital quizá no sepamos discernir si lo visual es cierto, si la realidad puede ser recreada y nos preguntemos como de real es lo real. Para García Lorca-  que también cayó en la tentación de hacer en Nueva York un Viaje a la luna, mitad poema, mitad guión –pesaron mas los aspectos oníricos y el concepto de cara oculta y doble personalidad que las elucubración científica. Pero esa ilusión poderosa de la conquista de “lo otro”, que llevamos a la pantalla con la maestría de la luz de Javier Aguirresarobe, volvía a dar la razón a los poetas: la conquista de la luna no es posible, ni cierta. El viaje a la luna, mas allá de la NASA y sus astronautas, siempre estará por hacer. Es parte del sueño y la quimera de los hombres, que unas imágenes borrosas de televisión no pueden truncar.   
             

10.5.19

MANUEL VICENT Y EL PERIODISMO

Manuel en Denia, por Javier Martin-Dominguez


Discurso de Manuel Vicent al recibir el premio del Club Internacional de Prensa

"El éxito de un periodista no consiste en ser leído, visto u oído sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio y su gloria la de haber sido, como dijo Bogart,  un buen  profesional.



   En medio de la brutal confusión de la vida moderna rige todavía el principio fundamental enunciado por Humphrey Bogart en boca del detective Marlowe: las personas se dividen en dos, en profesionales y en no profesionales. Y este principio inmutable atañe tanto a los  detectives como a los asesinos. También a los fontaneros, ebanistas y panaderos. Y por supuesto a los periodistas. 
  Para que la vida transcurra con cierto rigor y no se produzcan  demasiados sobresaltos cuando uno se despierta cada mañana se necesita que unas personas hayan cumplido simplemente con su deber. Hablo de  ciudadanos corrientes que trabajan dentro de la normalidad. Si un  periódico  es solvente,  si una  noticia del telediario es rigurosa,  si un  comentario de la radio es inteligente y equilibrado se debe a que detrás de las  páginas del periódico, de las cámaras de televisión,  del micrófono de la radio hay un grupo de profesionales exigentes cuya moral consiste solo en realizar un trabajo bien hecho. 
En nuestro oficio se trata de esos periodistas que no equivocan nunca los datos, que contrastan los hechos, que no buscan el escándalo por sí mismo, que no se empeñan en derribar a ningún gobierno, que sólo sienten pasión por la información rigurosa,  que aman la libertad de expresión hasta allí donde empieza la vida privada intocable de cada individuo. Los héroes de este oficio son aquellos periodistas que dan noticias fidedignas, emiten comentarios inteligentes y ponderados, conscientes de que la moderación es la conquista más ardua del espíritu y a la vez el arma más certera. 
Llegar a la cima de esta fortaleza exige cada día una mayor preparación técnica, científica y cultural, acorde con la complejidad del mundo para abrirse paso en medio de la basura mediática de la selva digital compuesta de bulos, chismes, ocurrencias, calumnias e insultos. Algunos dicen que el éxito de un periodista consiste en ser leído. Este principio abre la puerta a cualquier iniquidad. 
Los verás en medio de las ciudades calcinadas bajo los bombardeos o entre los escombros que dejan los cataclismos de la naturaleza.  Son esos tipos, hombres y mujeres, que  disparan sus objetivos, enfocan  las cámaras de televisión, toman apuntes directamente de esas tragedias en un bloc sudado que luego guardan en el bolsillo de atrás del pantalón. 
Son esos ejemplares humanos, mujeres y hombres, audaces, fríos y, a veces, desesperados. En efecto, unos periodistas se mueven a sus anchas en medio de las hecatombes, pero otros con su mismo coraje, hombres y mujeres,  también dan lo mejor de su talento abriéndose paso en la selva de los políticos, en el secreto de los tiburones financieros, en las cloacas del Estado, en el tejido cotidiano de las horas y los días donde los crímenes ordinarios se mezclan con el latido de las pequeñas pasiones y la lucha por la vida de la gente tributable. 
Dijo Robert Capa: si tu foto no es buena es porque no estabas lo  suficientemente cerca. Lo mismo se puede afirmar de los editoriales, de los artículos de opinión, de las  crónicas, de los reportajes.  Como dijo Dylan Thomas, un buen periodista debe procurar ante todo ser bien recibido en el depósito de cadáveres. Aunque sólo sea, como en la película Primera plana, de Billy Wilder, para conseguir de madrugada un poco de hielo para el whisky, aunque hoy la bohemia ya no se lleva. . 
    Hoy la información está unida a la  comunicación y la comunicación al espectáculo y el  espectáculo a la audiencia y la audiencia al negocio y el negocio a la ganancia, al dinero.  La sobrecarga de información, de comunicación y de espectáculo a la que estamos sometidos desde la mañana a la noche, e incluso durante el sueño, hace que la realidad se rompa en mil pedazos cada día y se convierta en una ficción: cada esquirla de ese vidrio del escaparate roto nos devuelve un fragmento quebrado de lo que creemos que es la actualidad que estamos viviendo. 
Las noticias de la radio, las imágenes de la televisión, la lectura del periódico se inmiscuyen en nuestras vidas hasta constituir una sola amalgama con nuestros sentimientos, con nuestra ideología, con cada uno de nuestros deseos, y al final ya no podemos distinguir lo que oímos, lo que vemos y lo que leemos de lo que soñamos. Para eso están los buenos periodistas para elevar la realidad a sustancia de la vida. 
Hoy la libertad de expresión se halla bajo la directa o indirecta amenaza  del poder, el periodismo sigue siendo una profesión de muy alto riesgo, pero el desafío consiste en continuar trabajando para que la información, uno de los derechos humanos más sagrados, se dirija a la inteligencia de los  ciudadanos, no al cerebro de las emociones primarias, del fanatismo,  de las creencias, de las banderas y de las patrias, de las filias y las fobias, ni mucho menos al cerebro del reptil que todavía subyace en el fondo del cráneo humano y que nos gobierna los instintos básicos y los impulsos ciegos.  El éxito de un periodista no consiste en ser leído, visto u oído sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio y su gloria la de haber sido, como dijo Bogart,  un buen  profesional. " 

28.12.18

COMIC vs. CINE. Las mutaciones de Spiderman y…de Kapuscinski.





LA BUENA IMAGEN,  por  MARTÍN DOMINGUEZ

COMIC vs. CINE. Las mutaciones de Spiderman y…de Kapuscinski.

La evolución de los metalenguajes del universo digital está haciendo cierto el axioma de que la intensificación de las cualidades de un medio, exprimido  hasta sus limites, terminan revirtiendo en la segunda vida de un medio previo.  Ahora que podríamos utilizar la videoconferencia entre móviles inteligentes, le damos mayormente al wasap potenciando la vieja escritura. Cuando habíamos sepultado las cartas, revitalizamos mas y mas el teclado de ordenadores y móviles. 

Por eso no extraña que en la nueva entrega de Spiderman la base del tratamiento de imagen esté basada en la estética del comic, justo ahora que los héroes de Marvel han elevado a la enésima potencia las secuencias de acción inverosímiles, en Infinity Wars. 
De la misma manera que ahora que el periodismo agoniza se hace una película en honor del maestro polaco de nombre imposible y para contar la verdad del oficio se hace a través de la animación.

Lo único cierto hoy es que vivimos en una base digital. Pero los lenguajes que la construyen son variados, se entrelazan y superponen, recurriendo el autor a metalenguajes que superan los medios y las gramáticas al uso.
El comic vivió siempre con el anhelo de ir mas allá de las dos dimensiones y de tener que comerse pasos de tiempo. El cine era en cambio la expresión total. Secuencias mas activas, realistas y sin tiempo condensado.
El nuevo Spiderman ha evolucionado, recreado el metalenguaje del comic y creado una nueva estructura temporal, que desafiaría al propia Einstein, varias veces citado en el guión. El comic y el cine casan lo mejor de sus metalenguajes, se intercambian guiños y posibilidades, dentro de un estética que suma los colores psicodélicos y el pop-art, enhebrada con animaciones que tiran de las posibilidades de los fractales. Nunca el comic llego tan lejos, ni el cine supo mutarse hacia atrás para dar otro salto hacia delante. Dos horas de requiebros de animación que hacen de esta araña una mutante transfigurada, para abrir la vía expresiva del entretenimiento dibujado y subirla a nuevas cimas. 
Si Spiderman se ha transfigurado en la magia de la expresividad digital en esta entrega llamada claramente “Un nuevo universo”, nuestro colega Kapuscinski se hace dibujo para reconocer al periodista que se esconde tras la firma y al periodista que antepone el compromiso a la ética de contar sin ocultar lo que pasa. Complicados requiebros en la historia condensada en “Un dia mas con vida”, que nos hace ver que ni el periodismo no obedece a una sola teoría, Ni tampoco la animación, ni el cine, ni nada….en el nuevo mundo digital.


25.12.18

UN DISCURSO REAL

LA BUENA IMAGEN,   por MARTÍN DOMINGUEZ


SOLO LA CORONA SE MUEVE


--Colocarle al rey como prólogo de su adusto discurso unos “efectos especiales” demodés contaminan de antigüedad su mensaje antes incluso de empezar.




La Buena Imagen: SOLO LA CORONA SE MUEVE, por MD
--Colocarle al Rey como prólogo de su adusto discurso unos “efectos especiales” demodés contaminan de antigüedad su mensaje antes incluso de empezar.

El rito asienta las culturas, pero sin duda las alimenta de aburrimiento por su consustancial repetición. Eso le pasa a las fiestas de cualquier tipo, que presas de sus reglas acaban por mortificar a sus participantes. Solo las pequeñas variantes, fruto de la inventiva o de un descuido o cualquier perversión, animan el paso del rito haciéndole un poco mas llevadero. Es lo que pasa con las noches televisivas de la Navidad o del fin de año, que siguen colgadas del año anterior y del anterior y del anterior; y a pesar de sus colores chillones o su confeti acaban aburriendo al espectador.
Para empezar la noche televisiva nos ponen el mensaje del Rey, cuyo contenido si cambia, pero que se inicia con unos efectos especiales sobre el escudo de España que se han quedado en aquel arte del video de los años ochenta, muy lejos de la actual versatilidad digital que facilitan nuevas soluciones gráficas casi ilimitadas,
Colocarle al Rey como prólogo de su adusto discurso unos “efectos especiales” demodés contaminan de antigüedad su mensaje antes incluso de empezar. O también podría pensarse que, en la mcluhiana simbiosis de medio y mensaje, lo que se nos querría proponer- tan subliminalmente…-es que nada cambia; ni en la televisión publica, ni en la corona. El único cambio perceptible fue la introducción durante el discurso de un travelling lateral, en lugar del viejo recurso al zoom, que murió como deberían haber muerto ya los afectos pre-digitales de la careta televisiva. Solo la corona se mueve….un poco.
A este preludio con tufo añejo, le siguió un aroma a tanta nostalgia, que hacia imposible despertar el interés por una Telepasión que no sabe ni siquiera buscar nuevos hits musicales mas allá de los tiempos de Karina. La pública se ha dormida en la rutina televisiva y su única añoranza parece el lalala, ya sea de Massiel o de Serrat (aquella versión tan grisácea y años enlatada, rodada en el parking de Prado del Rey), pero siempre sesentero. Esta claro que la mejor televisión es la que se hizo ayer, porque ya no se ha sabido hacer otra. Pero imitarla tarde y mal produce este vértigo de confundir nostalgia con antigüedad. Despues de Pilar Miro, el Prado se convirtió en páramo. Ya no queda creatividad, ni ganas de montar un (buen) Belempor
Navidad. El invento de Javier Caballé, fallecido este año, y al que no le quedó el copyright, se ha quedado entumecido. Repetirse es un rito, que solo conduce al aburrimiento.

BARBARA PROBST SOLOMON. El puente Nueva York-Madrid

Barbara , la mas imprescindible de las amantes de España en Nueva York. Inmensa en su  inteligencia, ironía, sensibilidad y comp...