19.9.20

DELIBES 100. LA TINTA EN EL SURCO

 DELIBES 100. 

LA TINTA EN EL SURCO

 

J. Martín Domínguez

 

 

            Ver a Miguel Delibes expuesto, objeto de exposición, crea la zozobra de ver al hombre subido a los altares, sacándole de su sitio natural. Delibes, el escrito, el periodista, el castellano, el maestro está tan vivo en sus letras que nadie diría que ha llegado al centenario, que no pueden separarle de la realidad por culpa del boato. Delibes es lengua viva; ni antiguo, ni alambicado; mas bien directo y certero; sigue claro, diáfano, actual. 





            Alargada es su sombra sobre nosotros, una llama viva tan alta como el ciprés que marca la herencia literaria de quien que hizo de puente con aquel Azorín o aquel Galdós para darnos una lengua con capacidad expresiva para el final el siglo. Los viejos maestros tuvieron este puente hasta la lengua actual. Un hombre laborioso y estricto que supo hacer de la vida de provincias un relato perfecto de lo que el siglo XXI empieza a desear: campo, ética, precisión, compromiso. 

            Puso en marcha Delibes el reguero de tinta que inunda el surco fértil del castellano. Se lee su obra como escrita ayer; tan clara, tan honesta. Quizá privada del exceso de imaginación de la que hicieron gala otros coetáneos; pero gozosa en sus raíces, sus ramas, sus campos fértiles.

            El Delibes director empujo a los Umbral y los Leguineche a hacer del periodismo el oficio mas grande  para los nuevos escritores. Fue maestro en vida, y lo sigue siendo en su obra tan viva, tan pertinente en este tiempo de gran confusión y cambios. 



El ciprés alargado en su sombra, el voto disputado, la bonita milana, herejes y relojeros, una hoja roja,…el universo de Miguel Delibes se encierra ahora en una fantástica y oscura cueva de la Biblioteca Nacional donde con focos van reluciendo el lugar donde escribió, la imagen de la musa que le protegía, los fotogramas que hicieron realidad a sus mundos imaginados. Parece imposible que Delibes cumpla cien. Sin apenas arrugas  se nos muestra. Nos invita una vez mas al campo, a la vida de naturaleza, a la verdad de las cosas. Inunda de tinta el surco para obrar en cada frase el milagro de la literatura en español. La escritura y la naturaleza unidas para coronar a un clásico contemporáneo.




 

 

2.8.20

Los sueños pintados de Consuelo Hernández. Arqueologías del ideal

ARQUEOLOGÍAS  DE LO IDEAL

Los sueños pintados de Consuelo Hernández

 

Javier Martín-Domínguez

 

            Una valla historiada de piedra y metal pintado en rojo separa la calle del teatro de Tánger. Aparece ahí atrás claramente cerrado, con la fecha de inauguración- 1913 - labrada en su frontispicio como una herida de muerte. A un lado la realidad de la calle, del otro el mundo dramatizado de los sueños. Hay un guardián que sorprende al curioso que se acerca a la valla. Por su ropa y su hieratismo podría ser de aquella época. Está vivo, y con gestos te invita a pasar. Apenas entran rayos de luz en el interior, la atmosfera está cargada y cuando los ojos se acomodan lo que descubren es la nada hecha pedazos. Butacas amontonadas, un escenario desvencijado, maderas levantadas. Solo queda la fachada del Gran Teatro Cervantes. Cuando la realidad arruina los sueños, cuando el tiempo devora el uso de los espacios solo  nos quedan la resignación por lo perdido o el impulso para revitalizar la arqueología de un ideal. 

            Este es un empeño para personas con tesón,  para creadores optimistas, para magos de las formas y el color capaces de dar nueva vida al pasado que nunca quisimos perder. Ahora que Consuelo Hernández, una enamorada del viejo Tánger, ha expuesto una amplia muestra de sus lienzos, los “retratos”  del viejo teatro tangerino varado se presentan en la zona central de la exposición,  emblema de una postura estética y vital de la artista. No hay nada irrecuperable, no hay sueño perdido que al arte no pueda recrear. 

            Consuelo viene de un lugar y un tiempo en el que el esfuerzo y el cuidado del detalle eran las claves para poder andar recto en la vida. Su obra es así. Paisajes o espacios perfectamente definidos y delimitados. Un gusto por la disposición clásica informa sus composiciones. Los colores aplicados vibran pero no chirrían. Un mundo reorganizado por el ojo del artista para insuflar clasicismo a las estampas urbanas. 

            En medio de esos paisajes aparecen figuras humanas que parecen haberlo visto ya todo y acomodan su mirada a un infinito que al tiempo les aplaque y les sorprenda. Consuelo ha visto el cambio del mundo en este transito de dos siglos y sabe que en la perplejidad está el retrato de los seres contemporáneos. Ya antes de la pandemia, y con mucha mas lógica ahora. En ocasiones uno duda si están mirando o están soñando. Al fin y a la postre, nada como una obra claramente realista para rozar la frontera de lo subreal. El mundo ensoñado. 

            Bajo el formalismo de las escenas, palpita el alma de la artista. Este podría ser su diario pintado. En Madrid, en Italia, en Asia y vuelta al Tanger de sus amores, los paisajes y los personajes le son cercanos. Son parte de un itinerario vital que adivina a partes iguales amarguras y satisfacciones, un fresco de los pasos de la vida. Esta exposición magna de Casa de Vacas en el gran parque de El Retiro de Madrid, con 60 obras colgadas, certifica los sueños cumplidos o los pintados para que se hagan realidad. Como el de reabrir el teatro tangerino en el que tanto empeño ha puesto con sus cuadros y sus escritos. Mientras llega la hora, tomamos un petite taxi azul hasta el café Hafa. Mi cuadropreferido en la exposición. Una sombra encorvada junto a la puerta abierta del vehículo imprime inquietud a la escena. Los que lo conocen saben que, tras el muro blanco y la puerta poco prometedora junto al nombre del café, se abre un pasillo a una mirada de ensueño y de éxtasis: el mar, el estrecho, el continente… Los sueños pintados. 

 

 

26.7.20

CUANDO SOÑAR FUE DELITO. (Con Ava y Vicent en la noche de Madrid)

CUANDO SOÑAR FUE DELITO. (Con Ava y Vicent en la noche de Madrid)Por
Javier Martin-Domínguez
            Bajo la noche espesa del franquismo, hasta soñar era delito. Unos soñaban con la libertad, otros en echar un polvo con Ava Gardner. Todos iban en el mismo barco que solo cuando navegaba la noche podía encontrar puerto. Quien vivió el mundo de los serenos, sabe que la luna tenia sus luces muy limitadas sobre Madrid. Solo alumbraba a cachos. Y era mas lo que ensoñaba que lo que iluminaba.
            Como un buen reportero de época, Manuel Vicent abre en canal la noche de aquel Madrid que tenia sus polos opuestos en el malo de clase bien llamado Jarabo y en la inalcanzable estrella conocida por Ava.
            Viene a la capital un chico de Valencia que quiere inventarse la realidad, o sea hacer una película,  para que la cruda realidad de la época se edulcore o tome cuerpo celeste. Está de portero de su sueño el ya colocado Berlanga, y asisten de coro celestial una tropa desigual de intelectuales que se arrastran del Chicote al Gijón y vuelta. Con estos mimbres urde Vicent una trama de cine negro, con gatos que chapotean en charcos de sangre y flamencos que asaltan las sabanas de la comehombres de Hollywood.
            Sabe el autor en sus carnes que solo el sueño te salvaba de la modorra gris imperante de la época. Por eso Ava no es solo la mujer mas bella del mundo que surcaba las calles de la ciudad mas apagada de Occidente; era sobre todo el anhelo de poseerla aunque fuese en una foto para salvarse así mismo de una vida ya anulada nada mas nacer.
            Usa Vicent, con su modo habitual entre cáustico e insolente, un mecanismo del bien y el mal, de lo crudo y lo masticado, de la bestia y la bella como juego de contrarios para hacer una novela en desarrollo espiral, que nos va metiendo en su túrmix, atascados en el sueño que puede ser realidad. Convertir la pesadilla general en sueño particular. Una metáfora de un mundo putrefacto que es tan real que resulta casi inverosímil. Y fue ese el mundo que vivieron, el mundo que otros oteamos mas tarde, escrito aquí con las palabras que mas certeramente lo describen, hilado como un bordado que es un arte de aguja fina que Manolo Vicent controla como nadie. Vicent no escribe, mas bien borda con el diccionario del momento. Y espolvorea aromas del tiempo para que la memoria quede impregnada sin remedio.
            Queda para expertos en anatomía de estrellas, si la protagonista en verdad tenía una cicatriz en la apéndice y una peca en la teta. Nuestro protagonista lo soñó tantas veces que seguro que tuvo que hacerlo real. Como el propio autor, que certifica su encuentro con la bella en un garito de la noche madrileña,  poblada de gente de novela, transeúntes entre las tinieblas de un tiempo frio y malgastado si no tenias un sueño que soñar.              


           

14.7.20

LAS ARQUITECTURAS DE SAENZ DE OIZA -


- LAS ARQUITECTURAS DE SAENZ DE OIZA -  ( 3 OIZAS 3 )

Había un pequeño pueblo minero abandonado en el estado de Nuevo Mexico bautizado como Madrid, aunque ni por paisaje y menos por dimensiones tenía relación alguna con el topónimo capitalino español. Fui a rodar su historia, que era la de una próspera ciudad minera,de carbón, luego abandonada, tomada al asalto por hippies y finalmente en manos de mercaderes y turistas con el objetivo de devolverle su estatus de “ciudad”, no de ciudad fantasma.










Junto al rodaje del lugar y sus nuevos habitantes, añadí a la vuelta al Madrid español las opiniones e ideas sobre la ciudad de “tres ángeles iluminadores”: Jose Luis L. Aranguren, Manuel Vicent y Francisco Javier Saenz de Oiza. 

La intervención de Oiza sobre la ciudad la rodamos en el helipuerto de uno de sus edificios mas emblemáticos, el BBV de la Castellana de Madrid. Allí, dominando las alturas, con el Madrid grande a sus pies, sentenció algo que nunca mas olvidé. “La ciudad es el sueño del hombre en la tierra”. Y quizá el corolario seria que el arquitecto es su dios creador.

Mi primer encuentro con un Oiza que rezumaba inteligencia, seguridad y una mirada bien abierta a las nuevas propuestas  fue en San Sebastian. Una de las primera entrevistas que hice en mi vida como periodista. Ya era el gran arquitecto de la basílica de Aranzazu y de Torres Blancas. Participaba en la semana de la arquitectura del verano de 1973, y casi fue una osadía, bajo el franquismo, decir y titular sus declaraciones con un: “La crisis de la arquitectura se debe a una falta de participación ciudadana”. En aquel entonces todo lo hacíamos con una doble intención para una doble lectura…

Tras sus estudios en los Estados Unidos, Saenz de Oiza había abrazado los nuevos materiales, el cristal, las estructuras de hierro y de hormigón…la solidez y el sueño de la levedad se unían en obras que no te dejaban sin opinión. Detrás de aquellos “monumentos” hay historias, colaboraciones, cambios y variantes que ahora recordamos con la magnifica exposición montada por sus hijos:  “Saenz de Oiza, Artes y oficios” (Sala ICO de Madrid), que justamente emparenta su obra con la de artistas como Oteiza, pintores como Lucio Muñoz o Antonio Lopez, y otros creadores quizá menos reconocidos con los que colaboró y consiguió una obra rica en la estructura y en cada detalle.
Interesante  su relación con Huarte, el constructor. Saber por qué Torres Blancas mantiene el plural aunque solo se construye una torre, de las dos previstas. Ver la originalidad de espacios perdidos como el restaurante o la piscina del edificio que da la bienvenida a Madrid por la carretera de Barcelona y de creaciones paralelas como un biombo de metacrilato para las habitaciones con curvas.

Reincidente en el disfrute de la personalidad del genio, le buscamos de nuevo cuando creó el edifico de “el ruedo” en la M30 que causó un gran revuelo, y que el justificaba como un muro frente a la autopista para crear un rico espacio interior, una plaza para los vecinos al otro lado del ruido. Eran ya  los años 90, y mantenía su total vitalidad en el programa de debate de Telemadrid que dirigía Magin Revillo,  El Pantallazo. Aparecía como un hombre de carácter,  en plenitud de energía y coraje para el debate ciudadano, para hablar de la ciudad,  del sueño del hombre en la tierra., de la necesaria participación de los ciudadanos en la construcción de su hábitat.  Los temas recurrentes

Toda una filosofia enraizada en principios claves, y desarrollada mediante bocetos de un valor artístico excepcional. Los planos de Torres Blancas, del Auditorium de Santander, de Aranzazu... son obras de arte en si mismos, y no solo pautas para levantar sueños sólidos. Arte y coraje a partes iguales en la obra de un visionario de su tiempo .


9.7.20

UN CRUCE IMPOSIBLE. La calle 10

UN CRUCE IMPOSIBLE - El orden urbano del que presume Nueva York, con sus calles y avenidas numeradas, y la armonia marcada por la Quinta, con el Este a la derecha y el Oeste a la izquierda tiene su punto de fuga en la gran Broadway, que parece una llaga abierta sobre el mapa perfecto. Los urbanistas dicen que es una concesión porque de lo contrario la absoluta perfección de la estructura devendría en caos.   Pero hay otros juegos del callejero más inesperados como el cruce entre dos calles numeradas. Se lo ponen a los aspirantes a taxistas en el examen para obtener la licencia. “Se cortan las calles 4 y 10?”- Imposible parece. Pero si hay un lugar que puede desafiar la lógica  es Greenwich Village, y ese cruce es tan cierto como que  El Barrio  más bohemio de ayer, hoy y siempre puede y debe permitirse esas licencias! Vamos, la de romper el orden establecido de la ciudad, porque sino no sería el Village. Viví siete años en la manzana que hace esquina con esa dirección imposible. Allí estaba el primer restaurante japonés que disfruté y recuerdo sus sabores y los juegos iniciales con palillos allá en el año 1979, cuando el sueño americano se hacía visible.  Muchas historias humeantes junto a la sopa de miso, el sushi o la salsa teriyaqui. Memorias dulces, imborrables de una esquina tan imposible como única  en Nueva York. Como la  vida que nos inspiró. (Foto de este julio del 2020,  enviada por mi antiguo vecino de barrio Javier de Frutos)

DELIBES 100. LA TINTA EN EL SURCO

  DELIBES 100.  LA TINTA EN EL SURCO   J. Martín Domínguez                 Ver a Miguel Delibes expuesto, objeto de exposición, crea la zozo...