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28.7.15

LOS JUANES DE WASHINGTON




  —Washington 1979. Trasmitiendo para RNE desde la oficina del National Press Building y junto a la Casa Blanca.


El invierno del 79 fue helador en Washington, regado por unas copiosas nevadas que incluso permitían usar los skies for la empinada Wisconsin Ave a su paso por el barrio de Georgetown. Era mi primer destino como corresponsal, para Radio Nacional. Buscar casa, adaptarte a la capital americana, enviar noticias sin parar...todo obligaba a una actividad incesante que aliviaba en parte la sensación de frio y soledad. Solo el calor humano ayuda a colocarte en el sitio. Y el arropo de “los juanes” de Washington fue lo fundamental.
La delegación de la agencia Efe era la casa madre para saber lo ultimo que pasaba el hilo, contrastar datos, conocer la agenda española....y sobre todo poder sentirte en familia.  Allí estaba Juan Roldán, con galones sobrados de periodista internacional, tras un paso previo por la America del Watergate, mas Londres y la fundación de Diario 16. Y su esposa, y corresponsal de Cambio16, Curri Valenzuela, alegre, avispada y madraza de la colonia. Dos grandes periodistas, Con Curri habia coincidido ya  en la redacción de Cambio en Madrid, donde era la jefa de información nacional, con Oneto y Aguilar. Me acogieron mas que como a un colega, como a un hijo. Las cenas en su casa, en el bar irlandes de Chevy Chase con bailongo incluido, las excursiones, las recepciones de embajada....Siempre estaban dispuesto a un consejo y una ayuda. La humana era la mas necesaria, la periodística siempre fue de altura. Juan Roldan era un hombre cabal: educado, bien preparado y maestro en el periodismo. Los datos primero, sin adjetivos, y una visión geopolítica amplia y esmerada. Pienso en la distancia de este largo tiempo pasado que su espejo me hizo mucho bien al engrasar mis armas profesionales para contar el mundo. Curri poseía el estilo florido que pedía un semanario con chispa política como era aquel cambio16, clave en la Transición.
Yo instale la primera oficina de Radio Nacional en Washington, unos pisos debajo de la de Efe, y muy cerca de la de El País, cuyo primer corresponsal fue Juan Gonzalez Yuste. Grandón, un poco taciturno, culto y my interesado en los nuevos medios y la contracultura. Su mujer era una alegría andante. Los juanes me hicieron la entrada en Washington mas fácil de lo que yo esperaba, a pesar de los traumas del cambio de casa, país, costumbres.... y de una mudanza que nunca llegaba de Madrid a su destino, y que me hacia vivir en precario en el gran enclave que encontré para vivir para incredulidad de mis colegas. “Donde has encontrado casas?. En Wisconsin and M”. Eso era imposible. Era como decir en Serrano esquina Goya para los estandares washingtonianos. Pero era cierto. Encontre una casita adosada, en la caída de Wisconsin hacia el Potomac a muy buen precio. Mi gran compañero de fatigas fue Rafael Ramos, ya que éramos prácticamente de la misma edad. Nuestras noches por Georgetown, en compañía del periodista mexicano, entonces corresponsal de UnomasUno, Raymundo Riva palacio, no acababan nunca...dentro de los estrechos limites horarios de la capital política de America.
El otro “juan” de los días de Washignton era el embajador de España, Juan Lladó. Embajador de la Transición que había sido ministro de Industría y que sabia dosificar la educación, la alta diplomacia y la campechanía. Fue siempre un buen aliado de los periodistas en aquella época en la que la españa de la nueva democracia andaba buscando credibilidad y apoyos. Y el de los americanos era el fundamental.
Y en esto llegó otro Juan, de paso, que había triunfado con sus comics de abuelitas en Triunfo y preparaba nuevos proyectos artísticos, Juan Carlos Eguillor. Pasó unos días por la ciudad preparando su viaje costa a costa para hacerse la ruta de los hipies, Un día abrió aquella puerta de cristal con el nombre de la emisora pintado en letras de oro (como todas las oficinas del Press Building) y apareció Eguillor vestido de oscuro y con un cuello de clergyman, que utilizaban los curas progres en España y todos en America. “¿No crees que vestido así no me atracarán en el viaje?” Los juanes de Washignton siempre te daban sorpresas.

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