IN MEMORIAN. MARINA TOMÁS DE RALUY
LA ARTILLERA DEL HOMBRE BALA
Javier MARTIN-DOMINGUEZ
(EL PAIS. 7 abril 2013. pág. 49)
Con permiso de los inevitables payasos, la verdadera alma
del circo está moldeada por los “números de sensación”. Hace falta mucha
imaginación y una gran técnica para montar eso del “mas difícil todavía”. Por
las necesidades de la posguerra, pero sobre todo por amor, Marina Tomás Jorbá
se aupó a la historia de nuestro circo como la artillera del gran número
acrobático montado por su marido Luís Raluy. Ya no era suficiente ver lanzarse
al hombre bala. Por el mismo precio los asistentes al espectáculo iban a
presenciar lo nunca visto, el
lanzamiento por doble cañón. Un hombre y una mujer salían disparados a la vez
para asombro de la concurrencia y de los propios actores de la hazaña que no
sabían con certeza sin aterrizarían sanos y salvos. Marina ha dado ahora su
último salto mortal sobre la vida lanzada hacia lo mas alto a sus 92 años. En
su estela no solo ha dejado un número legendario, sino a toda una estirpe de hombre
y mujeres del circo, que practican todavía la vida ambulante en sus clásicos
carromatos, de feria en feria, de país en país. El circo Raluy.
Con solo veinte años, Marina se dejó conquistar por un
malabarista circense, integrante del número de barras de Los Keystones, que
habían triunfado en media Europa. A pesar de sus habilidades, Luís Raluy
Iglesias no consiguió sortear los
controles del final de la Guerra Civil en Valencia y se vio atrapado en su
marcha hacia Barcelona quedando confinado ocho meses en un campo de
concentración. Con la ayuda de su
hermana, el cura y el alcalde consiguió al menos “no perder la guerra contra el
hambre”, y llegó a Sant Adriá de Besós, donde aquella chica diez años mas
joven, que soñaba viendo pasar los trenes por el primer puente de ferrocarriles
de España, obtuvo el permiso paterno para saltar con él a la vorágine del
circo.
Marina se subió a la barra fija y destacó en el looping. Engatillaba sus pies, se dejaba caer y daba vueltas
sin parar. También colaboró en las rutinas de payasos que requerían una
presencia femenina. Como el número de la copita de licor. Ella la llevaba en
una bandeja para el payaso principal. Aunque limpiaba los labios con una
servilleta al desconsolado payaso- su propio marido -, al final la copita se la
bebía ella. Con el tiempo, Luís y
Marina decidieron que no solo podían hacer buenos números bajo la carpa, sino
tener su propio circo. Ella llevaría la gestión y él la dirección técnica. Sus
cuatro hijos fueron educados en las rutinas circenses. Mujer lista y
emprendedora, no se le pondría nada por delante. Cuando llegó la oportunidad de
su gran gira internacional, a la conquista de África, Luís se asustó con el
ruido de los motores de la primera avioneta y quiso abortar el tour. Marina no
se arredró y cogió el mando. La aventura les llevó no solo a Madagascar donde
les habían contratado, sino a un viaje por media África. Saltaron a Asia, hasta
llegar a China, donde los elefantes murieron de frío y un tifón arrasó el
circo. No sería la primer ni la última vez que la troupe ambulante se quedaría con lo puesto. Pero a Marina
nunca se dejó vencer . El circo Raluy se rehizo como un número de magia, compró
carromatos de época y siguió dando sus funciones. Pero el mayor drama lo vivió
cuando actuaban cerca de Lérida. Ella era la artillera responsable de disparar
el cañón de aire comprimido. Midió la presión con el manómetro. Todo listo.
Pero al lanzarse Luís dudó entre hacer un mortal simple o un doble mortal, y
acabó golpeándose contra las tablas. Se partió la columna. La prudencia de no
moverle del sitio y el tesón para recuperarse, colgado literalmente durante
meses por el cuello, le devolverían a su cañón y la vida al Circo Raluy. “Mi madre nos cuidó como una loba a su
manada” afirma su hijo Luís que con su hermano Carlos llevan las riendas de este circo ya
legendario. “Nunca nos faltó la comida, y en la caravana nos enseñó a leer y a
escribir”. De los caminos de la España de la posguerra hasta las giras por
Madagascar, Marina Tomás tiró
siempre del carro. La gran madre
del circo español ha fallecido a pie de pista, en un carromato, cuando solo faltaban unos días para que sus
hijos, sus nietas Rosita, Louisa y Kerry y demás familia se embarquen de nuevo
en gira mundial hasta la isla de la Reunión en el Indico al este de Madagascar.
Justo donde el matrimonio Raluy-Tomás alcanzó su primer gran éxito
internacional. El sueño ambulante
del circo clásico seguirá dando vueltas por cuatro continentes. Un record que
en la actualidad solo ostenta la familia Raluy.
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