6.7.09

ICONO JACKSON

Símbolo, comunicación y consumo. El triangulo definitorio del proceso del éxito de un nuevo icono en la cultura de masas fue el título de un libro imprescindible de Gillo Dorfles, que sirve para resumir el caso de Michael Jackson. ¿Habría alguien mas conocido, mas visto, mas vendido en todo el planeta?. Probablemente no. Siete de las nueve canciones del album Thriller (1982) alcanzaron los diez primeros puestos de la lista del éxito y se vendieron 100 millones de copias. Para lo que no conocieron a Elvis y alucinan con la eterna pesadilla de que aun vive o ha resucitado, lo entenderán todo al vivir ahora el inicio del éxito metafísico de M.J. Ambos viajes musicales han tenido muchos elementos comunes, amplificados en el caso actual por una sociedad de desarrollo ultraconsumista.
Todo nació con una gran voz, para el movimiento añadido era consustancial al éxito. Elvis con su caderas. Michael con su “paso lunar”. No bastaba la voz, la imagen comunicaba aun mas. El nacimiento de la cadena de televisión musical de videos MTV en los ochenta amplificó este tipo de fenómenos, que antes solo vivían gracias al celuloide en algunas salas de cine. Michael Jackson tiro de los mejores para hacerse imagen. Thiller fue obra de John Landis, un referente entre los directores de cine para jóvenes, que supo elaborar una especie de pastiche de película de terror, que quizá defina para siempre al cantante bailarín. “Bad” lo firmó nada mas y nada menos que Martín Scorsese en 1987. Desde aquel entonces, la música solo ha vendido con imágenes. A base de videoclips, antesala de los grandes conciertos con concepto visual. En el campo de las chicas, el otro icono fue Madonna.
Aunque su éxito ha recorrido varias décadas, marcó los ochenta por antonomasia. La música de la década en la que el capitalismo vistió sus mejores galas para dar una patada en el muro de Berlín. ¿Se acuerdan de aquella historia?. Quizá todos recuerden mas a Michael Jackson

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