14.3.17

LOS "GLORIOSOS DEFECTOS" DE RIBALTA




Ribalta nos reunió a un grupo de compañeros y amigos, Joaquin Diaz, Paco Ortega , Rafael Fraguas y yo mismo para presentar en Madrid su Cants and Encants, bellísimo disco, en el que el Ribalta de siembre quizá sea mas dulce que nunca.
Esta fue mi intervención:


"Como de un amigo todos contamos las cosas buenas, yo creo que lo propio sería que alguien- yo mismo –saque a relucir sus defectos. Quizás yo les amplifique, porque yo conozco sobre todo  al Ribalta Mundial, al que de verdad se ha pateado los caminos, desde Paris a  Nueva York, donde nos hemos ido tropezando el uno en el otro, siempre con la música y la poesía como argumentos de vida.
Pero vamos al asunto:  a los defectos de Ribalta:
-       Ribalta es un testarudo. Un cabezota que diría un castizo. Si se empeña en algo, lo hace. No se le pone nada por medio. Ni un océano le para. Llegó a Nueva York, supo que allí estaban las Naciones Unidas, y no paro hasta cantar allí, para el mundo entero. Un concierto memorable, por cierto.
-       Ribalta es un absoluto perfeccionista. Hasta extremos indecibles, Que lo digan sus músicos, o los poetas a los que música a los que les da la brasa hasta el limite, porque hay que conseguir la absoluta concordancia entre el fondo del texto y su arreglo musical. Por eso sus discos rayan en la perfección y sus conciertos son hondos y medidos.
-       Ribalta dice las cosas a las claras. En estos tiempos de gente meliflua y verdades a medias, el señor Ribalta tiene el gran defecto de “cantar las verdades”. Unos dirán que está loco, otros que es un hombre cabal.
-       Hay mas. Ribalta es un enfermo de la amistad. Es amigo de sus amigos. Le conozco desde hace casi cuarenta años y no consigo despegarme de él….ni yo, ni nadie que le conozca, porque a pesar de ser tan alto, tan grande  es realmente como un pequeño osito entrañable, que entre gruñido y gruñido se hace querer mas. Y si todavía te resistes, se pone la gorra de capitán y te da un paseo por la ría hasta que sucumbes.

Yo efectivamente conocí a Ribalta de juglar por el mundo. En medio del acelerón de modernidad que traían los años ochenta, Xabier Ribalta apareció en los Estados Unidos, con la guitarra al hombro y su voz de tenor. Hablaba y hablaba de poesía, de sus poetas catalanes tan queridos. Y nos los cantaba o nos ponía un disco de aquellos a 33 revoluciones. La suya parecía una causa perdida: poesía musicada en las tierras de Michael Jackson y Cindi Lauper. Música sin efectos, cánticos a capela.
En aquellos tiempos, como en estos, Ribalta tenía muy clara su misión, su voz y su música. Y los públicos que lo necesitaban, que lo esperaban,  también lo tenían caro.
Por eso terminó recorriendo América, la del Norte y la del Sur, de costa a costa, de local en local, de universidad en universidad.
Y de paso- para contar algún secreto –tambien caía entre canto y canto una langosta de Maine, en el restaurante del gallego Frank en la primera avenida. Donde también compartimos cartel con Alberti, cuando la prohibición de entrada a los comunistas dejo de aparecer en los papeleos del visado…. Aunque quiza haya vuelto otra vez, que aquella América de la libertad nos la están cambiando.


Gracias a un hombre constante y testarudo, aquí estamos hoy fieles a su música y lo que es mas importante, o quizá sea lo mismo, fieles  a su amistad. Hemos hecho buenas migas en el viaje por América o en el París de su aventura iniciática. Y siempre, con él,  la poesía catalana, la música francesa, el manjar asturiano, la amistad americana. Xabier  es tan grande, que abarca el mundo entero. Para acabar solo le pido- además de seguir cantando -, que insista en sus “gloriosos defectos”.

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