6.8.15

LA “ESPERANZA” DE BUÑUEL EN CALANDA


LA “ESPERANZA” DE BUÑUEL EN CALANDA
Por Javier MARTIN-DOMINGUEZ
- En La Esperanza de Calanda -


La singular Plaza Mayor de Calanda tiene forma triangular. En un lado,  el poder politico representado por el Ayuntamiento; en otro la Iglesia de la Esperanza y enfrente la casas civiles, destacando la de los Buñuel. Se puede trazar una linea recta desde la entrada del templo hasta el porton de madera de la casa de la adinerada familia, desde cuyo balcon el joven Luis pudo presenciar a sus anchas las entradas y salidas del tempo, de los feligreses y de los curas, protagonistas fundamentales en tantas de sus películas.

He visitado repetidamente durante mi estancia en Calanda la Iglesia de la Esperanza, haciendome hasta una toma arrodillado ante uno de los confesionarios con cortinas de rojo terciopelo.  “¿De que te confiesas?”, me preguntan... Respondo. “De ver las películas de Don Luís”. Me confieso, pero no me arrepiento.

                                            - Las caras de Don Luis -

Con un guía de excepcion, como es Javier Espada, cineasta y director del CBC Centro Buñuel de Calanda, ha aprendio mucho de la geografía buñueliana y de las marcas que dejó la experiencia de infancia en su personalidad, incluida la temprana asistencia a una autopsia y su relación con este mundo rural plagado de animales y plantas. ¿Y los perros, donde están los perros?. Ahora se ven mas gatos que perros por las calles calandinas

Yo nunca he echado de menos- en una visión prosaica y realista de la cosa –la falta de perros en  Un perro andaluz. Por la película se pasean las hormigas, y se arrastran las vacas. Pero ¿donde anda el perro?.
He de decir que tengo democión por un buñuelismo con perro- que siempre recuerdo –pero que aparece en La edad de oro: Cuando los dos amantes se besan apasionadamente en la cola de la procesión de obispos y magnates, hasta que un perrito les pone en evidencia. El hombre sorprendido remata la situación dándole un puntapié.
Esta perreria buñueliana siempre me ha provocado una sensación de valentía y desazón. Como tambien la de aquel niño que tontea en torno a un cazador que lía su pitillo y al que le da un golpe y le tira el papel y la picadura de tabaco. El buñuelismo  es la escena que continua,  con el cazador retomando su escopeta de caza y disparando al chaval.

He reparado años mas tarde en el animalario buñueliano al meterme en el mundo de una de sus coetaneas,  Leonora Carrington, joven protagonista del movimiento surrealista, compañera de Max Ernst y  favorita de André Bretón.

De forma consciente (inconsciente si hablamos de surrealismo), el mundo pictórico y literario de Leonora esta lleno de animales o de figuras zoomórficas, donde las especies se suman o complementan.
Su autorretrato de 1937, titulado La posada del caballo del alba, incluye a una mujer sentada (claramente Leonora), frente a una hiena de ojos melindrosos a la que parece que tiende la mano, auque pone los dedos en una posición que denota una pretension de embrujo o enigma.  Tras la joven un caballo de cartón, y al fondo de la ventana un bosque por el que galopa otro caballo blanco. La función de los animales para dar rienda suelta a las visiones interiores del surrealismo están en Leonora, como están en el expresivo titulo de la película de Buñuel.

Les junto aquí porque comulgaron con el mismo ideario del surrealismo, y compartieron una visión de su animalario, pero tambien porque se juntaron efectivamente en México, donde ambos se exiliaron por distintas razones. Leonora escapo de los nazis ocupadores de Francia y se vino a españa para acabar metida en un psiquiátrico en Santander. Paso por Lisboa y Nueva York y residió desde los años cuarenta en el DF.

    - Busto de Luis Buñuel en el CBC de Calanda -

Cuenta Luis Buñuel en su biografía Mi último suspìro, que “separada ahora de Max Ernst, Leonora vivía al parecer con un escritor mexicano llamado Renato Leduc. Un día, cuando llegamos a casa de un tal Mr. Reiss donde nos reuníamos regularmente, Leonora se levantó de súbito, entró en el baño y se dio una ducha completamente vestida. Después, chorreando, regreso a la sala, se sentó en una butaca y me miro fijamente. “Eres un hombre apuesto”, me dijo en español tomándome del brazo. “Te pareces enormemente a mi guardian”, del psiquiátrico de Santander.

Hay otras historias y anécdotas que les relacionan, verídicamente o no, pero que une a dos cabezas, dos cuerpos privilegiados que aparecen como una encarnación vehemente del surrealismo.

Tanto Luis como Leonora han usado su creación para “perturbar la identidad, el sistema, el orden”. En el caso de Carrington sus animales identifican la vida instintiva con las fuerzas de la naturaleza. La hiena del autorretrato pertenece al fértil mundo de la noche, el caballo se convierte en una imagen del renacer a la luz del día y del mundo mas allá del espejo. Como intermediarios simbólicos entre el inconsciente y el mundo natural, sustituyen- en palabras de Chadwick –la dependencia de los surrealistas de la imagen de la mujer como mediadora entre el hombre y lo “maravilloso”, y sugieren el poderoso papel de la naturaleza como fuente de poder creativo para la mujer artista”.

Después de tantas pases y revisiones de El perro andaluz, para mi esta nueva vista desde los ojos de mi musa surrelista Leonora Carrington, me ha permitido entender mejor este ladrido incesante del perro,  que nos anuncia una vanguardia interminable. Almacenados sus fotogramas de forma indeleble en el cerebro, la re-visión desde su Calanda natal los coloca en una prespectiva mas honda y mas clara, con esa cercanía que debió tener  Luisito, mirando agudamente desde el balcon a la puerta de la Iglesia de la Esperanza...

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