22.5.13

EURO BLUES. El festival de la canción de Eurovision 2013





Cuando el festival de la canción de Eurovisión  parecía entonar su canto del cisne hace poco mas de una década, un equipo de ejecutivos de televisión, en su mayoría nórdicos, salió a su rescate y creó la formula actual. Se le dotó del mejor escenario apoyado por lo último en técnica y diseño, introdujo el televoto, implicó a la Europa del este y sobre todo modernizó  las canciones y cantantes. Encabezaron el movimiento fundamentalmente empresas y expertos suecos y daneses. El resultado está a la vista. Se ha consagrado, deportes aparte, como el mayor acontecimiento musical y televisivo del mundo, con los representantes nórdicos encabezando habitualmente la tabla. Finlandia, Noruega, Suecia y ahora Dinamarca  ya han probado las mieles del triunfo en este nuevo formato. Seis primeros puestos en estos quince años. Los dos últimos países  han ganado por partida doble. Tienen una formula, y se lo toman en serio.  Tener una audiencia global de unos mil millones de espectadores no es una asunto baladí como para no intentar colocar un producto musical y sacarle rendimiento. Es rentable para  cada cadena emisora, para cada cantante y especialmente para la canción ganadora convertida en una maquina generadora de divisas. El festival emitido precisamente desde Suecia, ha vuelto a emparentar con el subidón de los tiempos de Abba cuya popularidad persiste, y que llegó a generar un musical de Broadway y una película, Mamma Mia, bien programada para la ocasión por TVE. La formula mágica no es otra que tener una buena canción. Una canción para Europa, no para el consumo del mercado local. Un gran interprete y una coreografía que marquen. Lamentablemente España ha bailado a otro ritmo, confundiendo a los extranjeros con una canción de aire celta, y una sosa actuación. Hay que marcar con diseño español y una imagen clara.  Pasaron los días clásicos del Himno a la alegría, versión de Miguel Ríos. Aquí es  tiempo de blues. Hemos pasado de los mas europeístas a engrosar el pelotón de euro-escépticos. Solo el verbo medido y socarrón de Iñigo estuvieron a la altura.

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