CON ARMSTRONG EN LA LUNA
Fue la primera vez, y la última conocida, en la
que la humanidad al completo vivió unida a través de la electrónica una
experiencia de felicidad colectiva al conseguir un nuevo reto, en el verano del
69. El hito de la primera retransmisión televisada a todo el mundo desde fuera
del planeta ya fue un alarde en si mismo. Pero lo más grande fue el sentido de
comunidad creado entre los terrícolas que veían juntos como un hombre llegaba a
la luna, y con él todos nosotros. El mas soñado de los viajes se había hecho
realidad.
No por sorprendente había dejado de ser previsto. La bola luminosa
que marca nuestras mareas siempre había querido ser alcanzada y tocada. En el
mundo moderno fué Méliès quien cautivó a las audiencias de las primeras salas de
cine en 1902 con un "Viaje a la luna" repleto de trucos para asaltar la
imaginación. Fue el primer paso para dar verosimilitud al sueño. Aquella gran
operación de efectos especiales bebía en las fuentes del gran Julio Verne que a
finales del siglo XIX había publicado la novela De la tierra a la luna en la que
incluía tantas premoniciones como la de que serian tres los ocupantes de la
capsula espacial. “La apoteosis fue digna de aquellos tres hombres, que la
fábula hubiese sin duda elevado al rango de semidioses”, es su frase
final.
El viaje de verdad remató los convulsos años
sesenta en los que el mundo apostó decididamente por saltar muchas fronteras. La
revuelta de los adoquines del Mayo del 68 francés y los movimientos de
liberación del hipismo americano dejaban a las claras que los tiempos estaban
cambiando. Una nueva sociedad pedía abrirse paso y sería John Kennedy quien
tomase la bandera para hacer posible lo imaginado incluso en la conquista del
espacio.
Sin duda que el reto fue consecuencia de la competencia de los
bloques. La Unión Soviética iba por delante de los americanos, lanzando el
primer cohete, subiendo al espacio a la perrita Laika y colocando en órbita al
primer astronauta, Yuri Gagarin. La respuesta debía ser contundente, por
espectacular, y se decidió colocar a un hombre en la luna. El resto es
historia.
Solo unos cuantos aventureros del mar fueron testigos y
protagonistas de la conquista precedente jamás imaginada, la de América. Y se
necesitó un viaje de vuelta para contarla y hacerla creíble. Para la gloria
instantánea a Colon le faltó la televisión. Y no solo eso, que en cada casa
hubiese un televisor. Esas imágenes empañadas de ruido electrónico, de nieve en
el argot del medio, con escasa definición y acompañadas de un sonido deficiente
no habrían sido suficientes para certificar el mayor logro de la humanidad en
todos los tiempos si solo hubiesen podido verse en la base de la NASA en
Houston. Debían ser compartidas por todos para ser asumidas y entrar así
definitivamente en una nueva era. El nuevo gran salto de la humanidad, en voz de
Neil Armstrong. Ya nada sería igual. Asumimos en aquel instante, tan perplejos
como ilusionados ante la tele en blanco y negro, que era posible realizar
cualquier sueño.
Siempre ha habido descreídos que vieron el asunto como una
engañosa producción televisiva de bajo presupuesto. Quizá porque solo un año
antes de la misión lunar, en 1968 las salas de cine habían llegado a un futuro
mas lejano con la proyección de la obra maestra de Stanley Kubrick “2001, una
odisea espacial”. Sus fotogramas están a años luz de las pulsantes imágenes
televisivas, y todavía hoy permanecen vivas y actuales dando verosimilitud a la
ciencia-ficción. Kubrick llevó mucho mas lejos la conquista visual del viaje de
los viajes transportándonos no solo hacia Júpiter sino al otro lado de la
consciencia. Y además introdujo el concepto de la maquina que se revela contra
los humanos doblando la esquina del embelesamiento tecnológico en el que la
conquista del espacio nos podía embaucar. Otros dos ingleses, los hijos del gran
Nicholas Roeg y de David Bowie firman ahora un nuevo salto cinematográfico que
aúna las dos grandes historias con la película “Moon”, en la que un ingeniero
lunar se ve sometido al chantaje de una maquina que no le deja regresa a
tierra.
Y vuelta a empezar. Los conquistadores conquistados. Metidos de pies
y manos en el mundo digital quizá no sepamos discernir si lo visual es cierto,
si la realidad puede ser recreada y nos preguntemos como de real es lo real.
Solo la discreccion del hombre que viajo mas lejos, de neil Armstrong pareceria dar la
razón a los poetas: la conquista de la luna no es posible, ni cierta. El viaje a
la luna, mas allá de la NASA y sus astronautas, siempre estará por hacer. Es
parte del sueño y la quimera de los hombres, que unas imágenes borrosas de
televisión no pueden truncar.
recuerdo la espera de aquel dia de verano, junto a mi padre, para ver las borrosas imagenes de televisión, que nos parecian claras y definitivas. No era Armstrong solo el que pisaba el suelo banco....eramos nosotros, los que tambien queriamos volar ese día y para siempre hacia lo que veiamos como el infinito, y mucho mas. Adios, Neil, heroe de los heroes.