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2.2.11

NUMEROS DE SENSACION. Alex de la Iglesia, el circo y lo demas...


Antes de que el digital canibalizase lo analógico, fue este el que se comió al público del espectáculo cuerpo a cuerpo. El cine y sobre todo la televisión aplastaron al circo con una pata mas poderosa que la de sus elefantes. Se resistió como pudo, sacando de la chistera lo mejor del vivo y el directo: desde el inigualable humor de sus payasos a los “números de sensación”, como llaman en su argot a los mas complejos desafíos del aire.
Recuerdo ahora que me tope con un curioso Alex de la Iglesia cuando me metí a rodar la historia del Circo Raluy, que conserva sus carromatos de época para pasear la nostalgia del mayor espectáculo del mundo. El padre de los actuales propietarios y ejecutantes cimentó su fama y negocio en toda Europa como “hombre bala” de doble cañón. Un número legendario y peligrosísimo con un largo historial de accidentes. El cañón dispara con mucha fuerza y el cuerpo debe resistir el empuje, la aceleración y hasta el golpe. Me contaba Luis Raluy que su padre “hacia un mortal simple o doble. Un día tuvo dudas si hago uno o dos, y se quedó en medio; calló de nuca y se partió la espina dorsal”. Ya no se debía ir tan lejos en la búsqueda de públicos para un espectáculo herido de muerte.

La metáfora de los payasos le ha servido a Alex de la Iglesia para exorcizar sus demonios de la España contemporánea que le ha tocado vivir en su “Balada triste”. La audacia y el batacazo del patriarca de los Raluy parece profética para adivinar que le iba a pasar al presidente de la Academia. Este sigue siendo un país para meros equilibristas, no para arriesgados creadores de números de sensación. Si hay debate, poner calma; pero sin arriesgar en la función. Es la regla para seguir siendo mediocres y hacer mas de lo mismo, sin ganar el futuro que se escapa a otros lares. Nos hemos topado con el dogma de los derechos de autor. Y ni la civilización digital que llama a las puertas convence a sus conservadores propietarios que el futuro del espectáculo ya no esta escondido bajo la carpa. Vuela con riesgo como el hombre bala hacia la globalización.

Días de Tokio. Memorias de cuarenta años…

Distintos y distantes como parecen los japoneses, era recurrente, tras vivir allí un tiempo, que me preguntasen: “¿Y pudiste hacer amigos?”....