17.11.21

ROBERT GRAVES, MAS GRANDE QUE EL CINE.

DOCUMENTOS DE PETICION DE RESIDENCIA EN MALLORCA DE LAURA RIDING 

Y ROBERT GRAVES, EXPUESTOS EN LA CASA MUSEO  DE DEYA. 




GRAVES NO CABE EN LA GRAN PANTALLA  CUANDO ROBERT GRAVES SUPLANTÓ A YO CLAUDIO

 

Javier Martín-Domínguez

 

            Cuando Robert Graves viajó a Mallorca, no iba en busca del paraíso, intentaba más bien escapar del infierno en el que se había convertido para él su Inglaterra natal. Se marchó dando un sonoro portazo, con la publicación de su rotundo relato biográfico Adiós a todo eso (Goodbye to all that) Un ajuste de cuentas con la sociedad puritana imperante y un alegato contra la guerra, que acabaría siendo un gran éxito. Combatiente en la Primera Gran Guerra, Graves fue dado incluso por muerto y comunicado el fallecimiento a su familia. Su “resurrección” es el punto de partida de El Laureado, la primera película dedicada a la vida del poeta, ensayista y novelista británico, centrada en sus años de formación y tribulación, que culminan con su decisión de autoexiliarse en España en 1929. Congelada por la pandemia, la producción británica escrita y dirigida por William Nunez reservó su estreno mundial para Mallorca, antes de su llegada a las salas. 

            El autor de Yo, Claudio inauguró prácticamente las grandes series televisivas de éxito, con la producción de BBC de trece capítulos basada en sus dos novelas sobre el emperador romano: Yo, Claudio, y Claudio, el dios y su esposa Mesalina. Pero su extensa y atractiva peripecia vital se ha resistido contra pronóstico en llegar a la gran pantalla. En la vida de Graves aparecen todos los ingredientes para una superproducción al uso: guerra, conflictos amorosos, viajes y aventuras, éxitos y decepciones. Graves ha sido objeto de biografías sólidas y extensas, firmadas por Miranda Seymour, Richard Perceval Graves y Martin Seymour Smith. Convertirlas en película resultaba un empeño inabarcable, obligando a una producción costosa con numeroso escenarios y cambios de situación. 

            Tras algunos intentos fallidos, el cineasta norteamericano de origen hispano-cubano tropezó en la misma piedra. Prendado por la lectura de la historia de Graves durante un verano en Mallorca tambien atacó la historia de principio a fin.  “Se podrían hacer al menos cinco películas con los episodios de su vida. En mi primer guion yo tambien intenté incluir todo- hasta la ruptura de Graves y Riding -y comprendí que era misión imposible. Pero finalmente, quince años más tarde, decidí cortar y condensar:  recortar el guion y centrarme en la historia desde su regreso de la guerra hasta su marcha a Mallorca. Realmente es el periodo en el que pasa de ser el poeta de la guerra a convertirse en el poeta del amor”, me comenta Nunez, en una conversación vía zoom, días antes de la presentación en Mallorca, con asistencia de una audiencia única: los hijos vivos del segundo matrimonio de Graves con Beryl Pritchard y una nieta de su primer matrimonio. 

            Nunez comparte la extrañeza de que la vida de Graves no hubiese llegado hasta ahora al cine. Recuerda como Orson Welles le consideraba su “escritor favorito” y las visitas de la gente destacada del cine a su casa de Deiá, como Ava Gardner, Maggie Smith y especialmente el director Peter Bogdanovich (The last picture show) muy cercano a la familia Graves. Nunez no ha querido hacer una historia de corte literario o al menos no dedicada exclusivamente a los fans de la literatura y los conocedores del escritor. “Solo se le ve escribiendo al final de la película” comenta de forma simbólica Nuñez, que sí ha buscado como objetivo de la historia “contar qué hace alguien en su vida para ser un artista”.  

            En el caso de Robert Graves, su insatisfacción tras el trauma de guerra sufrido y su búsqueda de una voz propia como poeta le llevarían a convertir su matrimonio en una trinidad. Casado con la artista Nancy Nicholson (encarnada por Laura Haddock), con cuatro hijos para alimentar y escasas ventas de sus poemarios, Graves busca otra vía literaria y se interesa por la obra de la poeta y ensayista judía neoyorquina Laura Riding. Tras cartearse, ella acepta la invitación de trasladarse en Inglaterra y alojarse en la casa de campo de los Graves. 

            Formaron una “armoniosa trinidad”, que derivó finalmente, tras la estancia de todos ellos en El Cairo, en conflicto. La película evita este exótico episodio sobre el periodo en el que encontró empleo como profesor en Egipto que no duro mucho tiempo. Tambien se permite otras elipsis sobre la historia real (como reducir a uno los cuatro hijos de la pareja) para simplificar el guion y conseguir una producción más manejable.

            Rodada en un periodo apretando, apenas cuatro semanas, y falta de grandes localizaciones naturales para darle mayor volumen, la película ofrece en cambio una buena factura, escenarios de época (the Liberal Arts Club de Londres, el barco en el Tamesis, y los estudios donde se grabó The Crown), un atractivo vestuario años veinte, música adecuada y especialmente un casting sobresaliente.

            Una virtud de la película es sin duda la elección de actores, en el que sobresale por su gran parecido con el escritor el protagonista Tom Hughes, que inicialmente hizo casting para otro papel y sorprendió al director. Hughes ha hecho varios papeles de éxito en las series televisivas Victoria y The game. Laura Riding una mujer exigente y cautivadora, tenaz y adelantada a su época, ejemplifica en buna medida el salto de moral y costumbres que se produce en los locos años veinte.  Esta encarnada por Dianna Agron cuya soltura y mirada cautivadora dan al personaje una sensualidad probablemente muy superior a la del personaje

            La colaboración literaria y artística entre los tres protagonistas no tardó en extenderse al campo sentimental. El triángulo se convirtió incluso en un cuadrilátero con la aparición en escena del poeta irlandés Geoffrey Phibbs, que tras la ruptura de Graves y su esposa Nancy formaría pareja con ella. Eran los años veinte, en los que las transgresiones sociales y culturales iban abriendo brecha en la ortodoxia victoriana.  El personaje real de Laura Riding actúa como punta de lanza de este cambio no solo en los usos y costumbres amorosas, con relaciones abiertas o lésbicas, sino en la presencia pujante de la mujer en la vida y en las artes. 

            Bajo el esquema de un triángulo amoroso real, el guion de Nunez trata de desvelar los terremotos literarios y sentimentales que se produjeron en esos años rompedores del siglo pasado afectando a la vida y obra de estos artistas. La poesía fue el gran vínculo entre Robert y Laura. Lo que les unió y lo que terminó separándoles. Fue su amor por las letras lo que generó una pasión carnal entre ellos, que acabó con el matrimonio entre Robert y Nancy Nicholson. Robert se deslumbró por las capacidades poéticas de Laura.  Incondicionales de los poetas Robert Frosst, e.e. cumming, Sassoon y T.S.Eliot, son muy críticos en cambio con el “charlatán William Carlos William”, Era Pound (por su “anormal gusto por los clásicos”) y con Yeats a quien acusan de comprarse un nuevo atuendo al ver sus antiguas túnicas poéticas raídas”

            Pero el nudo gordiano de esta historia, entre la literatura y la vida, se desata un día en la casa londinense donde se había trasladado a vivir Robert y su compañera Laura, que fue conocida como “the free love corner” (la casa del amor libre) Tras una discusión sobre los tensos lazos amorosas entre los cuatro, Laura se precipitó por la ventana desde un cuarto piso  y resultó gravemente herida. ¿Intento de suicidio, o de asesinato?  Ninguna opcion sonaría bien ante la policía. Si fue un intento de suicidio, Laura se enfrentaba a una pena de deportación de vuelta a América ya que tal acción estaba penada por las leyes inglesas. Si alguien la hubiera empujado, la cuestión se complicaba aún más. Laura fue hospitalizada y junto al lecho del dolor Robert tomó la decisión de estar junto a ella y marcharse de Inglaterra. Primero fueron a Francia, visitaron a Gertrude Stein y aceptaron su consejo de buscar un refugio en Mallorca.  

            El director de El Laureado detiene aquí el relato, consciente de que el resto de la vida de Graves daría para varias películas más, y por creer que “la futura ruptura de Robert y Laura no le haría bien a un guion donde el protagonista acabaría desairado”. Además, apostilla, la última parte de su vida, sus relaciones en la isla y otras historias “podían ser más comprometidas de contar con sus familiares aún vivos”.

            Graves dejó a su primera familia (mujer y cuatro hijos) e inició otra aventura vital y un nuevo camino literario. Empezaba un periodo prolífico y con escenarios insospechados, desde Deyá a Pensilvania, que  darían para más capítulos que los de su serie de “Yo Claudio”, escrita ya en Mallorca. Aparte de otras novelas históricas de éxito, como Rey Jesús y El Conde Belisario, produjo su obra de gran aliento poético La diosa blanca (reeditada con un estudio de su hijo William hace pocos años) Dominador del latín y el griego, escribió extensamente sobre los mitos clásicos y sobre temas actuales en la revista The New Yorker, de la que figuraba como corresponsal entre los socios del Club Internacional de Prensa de Madrid. 

            Los últimos años del escritor, considerado como uno de los mayores poetas del amor en lengua inglesa, estuvieron rodeados de un halo de hipismo y de sus relaciones con las llamadas musas. Robert y Laura tuvieron que salir por pies de Mallorca al inicio de la guerra civil, entre infundadas acusaciones de espionajes sobre un inglés y una judía. Graves volverían con su nueva esposa Beryl, con la que tendría cuatro hijos, recuperaría su casa de Ca n´Alluny. 

            Declarado hijo predilecto de Deyá, descansa en su cementerio situado justo en lo más alto de la ciudad. La zona del monte que está expuesta al mar solo está decorada por las terrazas y los olivos y cipreses aupados en ellas. Detrás de la iglesia está el cementerio, que da a los muertos un lugar en la cúspide del pueblo, reservándoles la mejor vista para la eternidad. Allí reposa su hijo adoptivo más destacado, Robert Graves, a los pies de un olivo, bajo una lápida con su nombre y una única inscripción “Poeta”. El resto de las numerosas historias que protagonizó en vida- tras su Adiós a todo eso – aún esperan para llevarse al cine y aumentar su leyenda.

 





 





 







10.11.21

ROBERT GRAVES, MAS ALLA DE "YO CLAUDIO" (EL PAIS)

POR JAVIER MARTIN-DOMINGUEZ. EL PAIS.  NOVIEMBRE 2021



 Robert Graves no iba en busca del paraíso cuando viajó a Mallorca; intentaba más bien escapar del infierno en el que se había convertido para él su Inglaterra natal. Se marchó dando un sonoro portazo, con la publicación de su rotundo relato biográfico Adiós a todo eso. Un ajuste de cuentas con la sociedad puritana imperante y un alegato contra la guerra, que acabaría siendo un gran éxito. Combatiente en la Primera Guerra Mundial, Graves (Wimbledon, 1895-Deyá, 1985) fue dado incluso por muerto y se comunicó el fallecimiento a su familia. Su “resurrección” es el punto de partida de El laureado, la primera película dedicada a la vida del poeta, ensayista y novelista británico, centrada en sus años de formación como escritor y de tribulación vital, que culminan con su decisión de exiliarse en España en 1929. Congelada por la pandemia, la producción británica escrita y dirigida por William Nunez clausuró este martes el festival Evolution en Mallorca, patria adoptiva del escritor.



El autor de Yo, Claudio inauguró en 1976 las grandes series televisivas de éxito, con la producción de la BBC de 13 capítulos basada en sus dos novelas sobre el emperador romano: Yo, Claudio y Claudio el dios y su esposa Mesalina. Pero su extensa y atractiva peripecia vital se ha resistido contra pronóstico a llegar a la gran pantalla. Sin embargo, en la vida de Graves aparecen todos los ingredientes para una superproducción al uso: guerra, conflictos amorosos, viajes y aventuras, éxitos y decepciones; y su existencia ha sido objeto de biografías sólidas y extensas, firmadas por Miranda Seymour, Richard Perceval Graves y Martin Seymour Smith.

 
Tom Hughes y Dianna Agron, en 'El laureado'.
Tom Hughes y Dianna Agron, en 'El laureado'.

Tras algunos intentos fallidos, el cineasta estadounidense de origen hispanocubano tropezó en la misma piedra. Prendado por la lectura de una de sus biografías durante un verano en Mallorca, también atacó la historia de principio a fin. “Se podrían hacer al menos cinco películas con los episodios de su vida”, comenta Nunez en una conversación telemática días antes de la presentación en Mallorca, a la que asistieron los hijos vivos del segundo matrimonio de Graves con Beryl Pritchard y una nieta de su primer matrimonio. “En mi primer guion yo también intenté incluir todo y comprendí que era misión imposible. Pero finalmente, 15 años más tarde, decidí cortar y condensar: recortar el guion y centrarme en la historia desde su regreso de la guerra hasta su marcha a Mallorca. El periodo en el que pasa de ser un poeta de la guerra a convertirse en el poeta del amor”.

Nunez comparte la extrañeza de que la vida de Graves no hubiese llegado hasta ahora al cine. Recuerda cómo Orson Welles lo consideraba su “escritor favorito” y las visitas de la gente destacada del cine a su casa de Deià, como Ava Gardner, Maggie Smith y especialmente el director Peter Bogdanovich, muy cercano a la familia Graves. Nunez no ha querido hacer una historia de corte literario, o al menos no dedicada exclusivamente a entusiastas de la literatura y conocedores del escritor. “Solo se le ve escribiendo al final de la película”, comenta el cineasta, que sí ha buscado como objetivo de la historia “contar qué hace alguien en su vida para conseguir ser un artista”.

El director William Nunez, en el centro, en un momento del rodaje de 'El laureado'.
El director William Nunez, en el centro, en un momento del rodaje de 'El laureado'.METRO FILMS INTERNACIONAL

Del matrimonio al trío amoroso

En el caso de Robert Graves, su insatisfacción tras el trauma de guerra sufrido y su búsqueda de una voz propia como poeta le llevarían a convertir su matrimonio en una trinidad. Casado con la artista Nancy Nicholson, con cuatro hijos para alimentar y escasas ventas de sus poemarios, Graves busca otra vía literaria y se interesa por la obra de la poeta y ensayista judía neoyorquina Laura Riding. Tras cartearse, ella acepta la invitación de viajar a Inglaterra y alojarse en la casa de campo de los Graves. Formaron una “armoniosa trinidad” que derivó finalmente en conflicto tras la estancia de todos ellos en El Cairo. La película evita este exótico episodio que transcurrió durante el breve periodo en el que encontró empleo como profesor en Egipto. También se permite otras elipsis sobre la historia real (como reducir a uno los cuatro hijos de la pareja) para conseguir una producción más manejable.

La colaboración literaria y artística entre los tres protagonistas no tardó en extenderse al campo sentimental. El triángulo se convirtió incluso en un cuadrilátero con la aparición en escena del poeta irlandés Geoffrey Phibbs, captado por Laura y que, tras la ruptura de Graves y su esposa Nancy, formaría pareja con esta. Eran los años veinte, en los cuales las transgresiones sociales y culturales iban abriendo brecha en la ortodoxia victoriana.

Ava Gardner y Robert Graves, en los años sesenta.
Ava Gardner y Robert Graves, en los años sesenta.

La poesía fue el gran vínculo entre Robert y Laura. Lo que les unió y lo que terminó separándoles años más tarde. Fue su amor por las letras lo que llevó a una pasión carnal entre ellos, que acabó con el matrimonio entre Robert y Nancy Nicholson. Él se deslumbró por las capacidades poéticas de Laura. Incondicionales de los poetas Robert Frost, E. E. Cummings, Sassoon y T. S. Eliot, eran muy críticos en cambio con el “charlatán William Carlos William”, con Ezra Pound (por su “anormal gusto por los clásicos”) y con Yeats, a quien acusaban de “comprarse un nuevo atuendo al ver sus antiguas túnicas poéticas raídas”.

Pero el nudo gordiano de esta historia, entre la literatura y la vida, se desata un día en la vivienda londinense adonde se habían trasladado a vivir Robert y su compañera Laura, y que fue conocida como The Free Love Corner (la casa del amor libre). Tras una discusión sobre los tensos lazos amorosos entre los cuatro, Laura se precipitó por la ventana desde un cuarto piso y resultó gravemente herida. ¿Intento de suicidio o de asesinato? Ninguna opción sonaría bien ante la policía. Si fue un intento de suicidio, Laura se enfrentaba a una pena de deportación de vuelta a América, ya que tal acción estaba penada por las leyes inglesas. Si alguien la hubiera empujado, la cuestión se complicaba aún más. Laura fue hospitalizada y junto al lecho del dolor Graves tomó la decisión de estar junto a ella y marcharse de Inglaterra.

Graves dejó a su primera familia (esposa y cuatro hijos) y comenzó otra aventura vital y un nuevo camino literario. Empezaba un periodo prolífico y con escenarios insospechados, desde Deià a Pensilvania, que darían para más capítulos que los de su serie Yo, Claudio, escrita ya en Mallorca. Robert y Laura tuvieron que salir por pies de la isla al inicio de la Guerra Civil, entre infundadas acusaciones de espionaje a un inglés y una judía. Graves volvería con su nueva esposa, Beryl, con la que tendría cuatro hijos, y recuperaría su casa de Can Alluny. Los últimos años del escritor, considerado uno de los mayores poetas del amor en lengua inglesa, estuvieron rodeados de un halo de hippismo y de sus relaciones con las llamadas musas. Declarado hijo predilecto de Deià (850 habitantes), descansa en su cementerio situado justo en lo más alto de la ciudad, a los pies de un olivo, bajo una lápida con su nombre y una única inscripción: “Poeta”. El resto de las numerosas historias que protagonizó en vida ―tras aquel Adiós a todo eso― aún esperan para llevarse al cine y aumentar su leyenda.

11.9.21

11-S. 20 años. SIEMPRE NYC

 SIEMPRE VOLVEREMOS A NUEVA YORK

 

Javier Martín-Domínguez

 

En la placita neoyorquina de Sheridan Square, donde se cortan la Séptima Avenida y la calle Christopher, había un quiosco de prensa apostado a la salida del metro donde yo compraba cada noche religiosamente la primera edición del New York Times del día siguiente. Desde ese punto se veían cercanos y en su esplendor los dos gigantescos faros en la noche de Manhattan, siempre iluminados, como si la actividad en las oficinas del World Trade Center no parase nunca. Un símbolo en todos los sentidos de la febril vida en Manhattan. Las Torres Gemelas eran una guía vital para la gran metrópoli. El símbolo actualizado de la capital del mundo, que tenía sus referentes clásicos en el Empire State y el Crysler Building, sobrepasados por las líneas extremadamente minimalistas de un arquitecto de origen japonés Minoru Yamasaki que regaló a la ciudad su pasaporte estético al siglo XXI. La barbarie se empeñó en que no llegasen a su destino simbólico y a proyectar una estela de humo negro sobre la cabeza de la Estatua de la Libertad, situada solo metros más allá, en la desembocadura del Hudson.

atalayar_nueva york

Las torres duplicadas habían dado a NY un impulso necesitado cuando la ciudad había entrado en la depresión que siguió a la crisis del petróleo. Eran una luminaria frente a los envejecidos edificios que rodean a la bolsa neoyorquina donde se juegan los dineros del mundo entero. Ofrecían tambien el mejor mirador para la bahía neoyorquína adornada por los puentes de Brooklyn y Verrazano que parecían sus guirnaldas en la noche. Le bautizaron al restaurante mirador como Ventanas del mundo (Windows of the world), como si ya supieran que seria los ojos del mundo entero los que se mirasen allí en la mayor tragedia del nuevo milenio. Era uno de los grandes nuevos lujos de la ciudad, al que debía subirse con cierto respeto. No solo por el mal de altura, que obligaba a hacer el trayecto en dos o tres actores por tramos; tambien por la indumentaria requerida. En el país de los cowboys, no se aceptaba subir con vaqueros!

atalayar_nueva york

Como un piano de luz vertical, veías allá al fondo las líneas luminosas de las torres encendidas por pisos hasta el amanecer. Allí tenía sus oficinas el Port Authority, controladora del puerto de Nueva York. Tambien el Secret Service, al que debías solicitar como periodista acreditaciones para accesos a centros de seguridad o para coberturas de visitas de estado. NO solo era el techo del Manhattan desde los setenta, tambien era el “hall” más catedralicio de los suntuosos rascacielos neoyorquinos, que ofrece espacios de gran porte como el del Rockefeller (con sus apabullantes murales del español Josep Maria Sert) o la fantasía celestial que remata la bóveda de la Grand Central Station. Era un hall decorado por la luz que dejaban entrar sus amplísimos ventanales, silencioso a pesar del trasiego por sus mullidos suelos alfombrados, y con un acceso a sus baterías de ascensores con mínimos controles de seguridad. Nadie pensaba en aquellos ochenta en atentados dentro de suelo americano, mientras nos sorprendíamos al regresar a Europa de la policía española bien pertrechada de armas visibles o los carabinieri italianos empuñando metralletas disuasorias. Impensable en Manhattan.

atalayar_nueva york

Con el material que se excavó para dar cimentación de las Torres se ganó incluso una extensión para la sobrepoblada isla de Manhattan, y mientras se asentaba y planificaban nuevos edificios, en ese espacio se celebraron desde montajes artísticos y conciertos reivindicativos como el de los No Nukes, contra las centrales nucleares, tras el accidente en la isla de las Tres millas del año 79. Allí mismo se cortaba la obsoleta autopista elevada que bajaba en paralelo al rio Hudson, la West Side Highway, carente ya de trafico automovilístico, pero apta para recorrerla en bicicleta mirando al agua y a las torres. Paseos de gran placer a cielo abierto fuera de las atestadas calles de Manhattan. Lo urbanamente caduco se codeaba con el nuevo referente alzado en el sur de la isla. 

El imparable impulso renovador de Nueva York quería dejar atrás su nuevo símbolo aportada cada año algún nuevo tótem a su línea del cielo. El arquitecto chino I.M. Pei coloco en Madison Avenue su monumental ATT, poco antes de que la compañía telefónica fuese troceada y el edificio perdiese su función corporativa.  El banco Citicorp levantó su sacapuntas metalizado que salvaba una vieja iglesia al pie de la columna mas gruesa que se imaginan. Otro arquitecto creo un lipstick, un lápiz de labios arquitectónico, etc, etc en aquellos disparados ochenta donde la ciudad no veía limite, ni en el cielo.

atalayar_nueva york

Despues llegó, inopinadamente, el día de la infamia, cuando que Nueva York- y el mundo –fueron privados de sus faros luminosos, para meternos a todos en la edad oscura. El alborozo por la caída del muro, por la nueva era de libertades tras la larga y absurda Guerra Fría, quedó congelado.
Pasados veinte años, con un Nueva York más redimido, vuelto a la actividad, con más rascacielos construidos en estas últimas décadas que nunca, la recompensa por lo sufrido no ha sido suficiente. Y el estigma de que los instigadores ideológicos de aquella infausta acción ahora celebran su regreso al poder disparando metralletas, nos deja el estómago revuelto y la mente perpleja.
Sabemos que Nueva York era y es la capital del mundo, por ser más activa y modernizadora que ninguna otra metrópoli; pero sobre todo lo es porque a pesar de todas las circunstancias, de los miedos sobrevenidos y las amenazadas imposibles de detener Nueva York no se para, como no se puede parar ni el corazón del mundo ni su libertad.

atalayar_nueva york

Ahora hay una nueva luz en el sur de Manhattan. Una llama viva que recuerda a los caídos, un viento permanente que se llevó el olor a piel quemada que tanto tiempo penetró la zona y un espíritu renovado que ha llevado a la ciudad a nuevas cotas de desarrollo que nadie imaginó en los momentos del gran cataclismo. 
El himno de Nueva York dice en su primera estrofa. “Estoy marchándome hoy…” Pero los que hemos sido ciudadanos de ese lugar-  y hoy lo somos todos en el mundo herido –prometemos que “siempre volveremos”, porque en ello nos va el futuro del mundo y la libertad. 

Javier Martin-Domínguez
Periodista, fue corresponsal en Nueva York durante una década.
 


 

25.3.21

LAS BATALLAS (GANADAS) DE JORGE M. REVERTE

 LAS BATALLAS- GANADAS - DE JORGE MARTINEZ-REVERTE

 

Javier Martin-Domínguez

 


 

            Tenía la mirada clara y una constancia a prueba de bombas, que le convirtieron en un general sin uniforme que dominaba todos los campos de batalla. Compañero de tantas aventuras profesionales, recuerdo a Jorge siempre con la sonrisa presta y el buen ánimo que le llevó a tantos destinos. 

            Fuimos vecinos circunstanciales, puerta con puerta, en los bellos áticos de Barceló con aquellas terrazas con templete donde Jorge escribía con el horizonte en Madrid y donde mi anfitrión Fernando García Ervíti organizaba festejos nocturnos de conversaciones suculentas. 

Se daba a sí mismo un aire de intriga, con aquella sonrisa que le marcaba el rostro y te hacia saber que siempre había algo más. Había algo más en la batalla del Ebro o la de Annual, en el misterio de turno que motivaba a su alter ego Gálvez o en el enredo político de altura en el que siempre se sintió parte y protagonista.  

    Miro hacia atrás, como desplegando un álbum de fotos del periodista amigo, y le veo en todo. Sus épocas de radio, de televisión, de los periódicos y revistas, en los libros… y tambien en el futuro. Con la factoría de diseños 3D, con sus películas y las de los demás. Le recuerdo emocionado enseñado el story-boardde Áute en mi despacho de TVE para sacar adelante aquella película de animación tan bella y tan delirante. Un perro llamado dolor. No había proyecto que se le resistiese, por su capacidad de trabajo y por su encanto para buscar cómplices. Tambien hizo programas de historia en televisión, aparte de su época en Informe Semanal. 

            Cuando Luz Rodríguez de Peñaranda nos reunió en su último cumpleaños en Madrid, Jorge ya vivía sobre ruedas, ayudado siempre por Mercedes, pero sin perder ni las ganas ni la sonrisa. Se hacía entender por encima de todo, y sus ojos seguían marcando el interés por ir más allá. No faltó al premio que le entregaron a su hermano Javier en la noche de la Sociedad Geográfica, estoico y familiar. 



Últimos momentos compartidos despues de aquel día en que el ictus le dejó aparcado, pero en el que no se paró. Hasta el final. Con las botas puestas del periodismo hasta el último aliento. Hasta el articulo final, que le emparentaba con el general Tagueña, el hombre de la defensa del Ebro. Recordaba en él Martínez Reverte, la memoria escrita de la esposa del general Carmen Parga sobre su viaje al exilio, desde San Petersburgo a Moscú, Brno, Praga…y la gran desilusión ante el estalinismo. Uno de los textos más agobiantes, sinceros y sombríos sobre los sueños trastocados en un mundo cruel del que es imposible salir. Lo rememoré con su hija Carmen Tagüeña Parga en Ciudad de México, donde la familia encontró el sosiego a la larga postguerra y el doble exilio. El joven físico Tagüeña tuvo que reinventarse de general y aguantó estoico la frontera del Ebro. Hasta el final. Estaba hecho Javier de los mismos mimbres. Fuertes en la batalla, incansables en la paz.        

Javier Martin-Dominguez   

       

 

 

 

 


Días de Tokio. Memorias de cuarenta años…

Distintos y distantes como parecen los japoneses, era recurrente, tras vivir allí un tiempo, que me preguntasen: “¿Y pudiste hacer amigos?”....