31.1.08

ROBERT CAPA Y CHIKI WEISZ

CAPA Y WEISZ

El Pais (29 enero 2007)

EL HOMBRE OSCURO CON TRES MALETINES
Javier Martín-Domínguez

Emérico Chiki Weisz es el hombre clave en la conservación para la historia de los negativos de Robert Capa. Mimetizado por su trabajo en el cuarto oscuro, siempre ha ocupado un lugar de secundario en la historia. Quedó primero a la sombra de su compañero de lucha política, exilio y profesión. Y después fue ensombrecido por la apabullante dimensión de su esposa, la pintora Leonora Carrington, hasta su muerte hace poco mas de un año en Ciudad de México.
No parece casual que este deseado botín fotográfico, de unos 3.500 negativos, solo haya salido a la luz tras la desaparición del hombre que preparó con mimo y rigor los tres maletines de cartón para un viaje que ha durado casi setenta años. En 1940, con Capa en Nueva York, el laboratorio de Paris quedaba a merced de la quema de los nazis. El testimonio gráfico de los protagonistas de la guerra civil española, de la lucha antifascista en Europa corría peligro, y fueron la mano ordenada y el corazón de acero de Chiki Weisz quien lo pondría a buen recaudo en Marsella, desde donde alocadamente huían bienes y personas al exilio.
La lucha antifascista había unido en la agitada juventud a dos chicos judíos de Budapest, que animaban en mítines a los obreros de la capital húngara a reivindicar salarios y condiciones de trabajo. Eran Chiki y Bandi, el apelativo de Endre Friedmann, que terminaría adoptando el nombre artístico de Capa para firmar sus reportajes fotográficos. Tras sufrir detenciones y ante un ambiente político cada vez más espeso y un creciente antisemitismo, en el verano del 33 escapan en un barco a vapor por el Danubio rumbo a Viena, Berlín, París,… Sin domicilio fijo, con el estomago lleno de agujeros, solo les salvó la vida su juventud, el anhelo político y finalmente la fotografía.
Su compromiso político y fotográfico les trae a España en 1936, en compañía del tambien fotógrafo Maurice Oshron. Aquí nacería la leyenda de Capa, sustentada en buena medida en el trabajo estoico y seguro de Weisz,
su mano derecha para el revelado y el orden de las fotografías.
Durante un tiempo, las imágenes captadas por Capa y por su compañera sentimental Gerda Taro acabaron confundidas en un mismo montón bajo la firma de Capa. Parece que lo mismo pasó con las de Weisz y Oshron. “Muchas de las fotos de la Guerra Civil que se adjudican a Capa fueron producto del trabajo conjunto de los tres amigos. Mi padre nunca quiso reclamar ningún crédito. Adoraba a Capa, sobre todo porque le ayudó a escapar a México”. La opinión serena de Gabriel Weitz, hijo mayor y profesor de literatura en la Universidad de México, no impide pensar en la importancia del “hombre oscuro” tanto en la creación, como en la preservación del legado de Capa.

Leonora y Chiki con su cámara

En mi reciente visita al domicilio del ya fallecido Chiki para rodar una película documental con su viuda, Leonora Carrington, el legado fotográfico del “amigo de Capa” seguía sin airear en un cuarto de la segunda planta de su casa en la calle Chihuahua. Leonora se refería a sus fotos con respeto pero sin petulancias. Mas expresivo fue, en nuestra charla sobre ellos, el escritor Carlos Monsivais: “Chiki es un fotógrafo de muy buen nivel, absolutamente desconocido, entre otras cosas porque tuvo que trabajar a destajo tomando fotos de encuentros burocráticos o encuentros culturales en el mejor de los casos, pero de un modo infatigable. Él era muy franco, tenía opiniones políticas claras y eran muy antifascista, muy antifranquísta, muy antinazi por su experiencia de judío húngaro . Debe de tener una colección, una serie de retratos, algunos que conozco, muy buenos”. Sacar sus fotos a la luz, junto con las del legado Capa que el protegió, es una tarea urgente.
El análisis de los carretes reaparecidos en los maletines, ahora en manos del International Center of Photography en Nueva York, permitirá esclarecer aspectos sobre la autoría, sobre la secuencialidad de las tomas y sobre historias controvertidas como la que rodea a la sin duda joya de la corona del trabajo de Capa: Muerte de un miliciano, publicada por vez primera en septiembre del 36 en la revista francesa Vu, y cuyo negativo no volvió a encontrarse. Quizá porque creó tal fulgor, la instantánea fue acusada de estas montada para la ocasión. Como en tantos otros momentos del reporterismo bélico. Si entre los negativos encontrados aparece la secuencia podría darse por finalizada la interesada polémica. También hay quien ha atribuido la foto más arquetípica de la guerra a Gerda Taro o incluso al propio Chiki Weisz. ¿Quizá por eso conservó tan amorosamente los maletines hasta el puerto de Marsella?.
Arrestado y deportado a Argelia, Weisz debió entregarlos al general mexicano Francisco Aguilar González, diplomático en Marsella, defensor de la causa de la República y mano amiga para los refugiados antifascistas que buscaban salida ante el empuje alemán en Francia. Ni él, ni Weisz, que embarcó en el buque Serpa Pinto en Casablanca rumbo también a México, ofrecieron nunca datos sobre los maletines a quienes les interrogaron sobre estos hechos.
En un trasunto de vidas paralelas, su esposa Leonora Carrington escapó en el mismo año 40 de Francia a España y después a Portugal para casarse en primeras nupcias con otro diplomático mejicano, Renato Leduc, con el que viajaría a Nueva York y finalmente a la Ciudad de México.
Sería la singular y surrealista pintora española Remedios Varo la que juntará a Leonora y Chiki tras el divorcio de ella, en un ambiente repleto de españoles exiliados, como el escultor José Horna y su esposa la tambien fotógrafa húngara Kati Horna, que haría las fotos de la boda. Perdida entre las innumerables y atormentadas batallas del exilio, la historia de los maletines desaparecidos nunca fue revelada. Envuelto en el halo mágico de los episodios increíbles que todos vivieron, nadie reparó o nadie quiso reparar en uno mas de los objetos perdidos en la mayor trashumancia de intelectuales europeos. Aunque poco amiga de hurgar en el pasado, solo Leonora Carrington podría desvelar un posible secreto de alcoba.

LEONORA EN MEXICO


5.1.08

Rehearsals for Early Retirement
(Part of the Mark LaPore Trilogy)

In Memoriam Mark LaPore [Phil Solomon]
One of the contemporary masters of expressive 16mm optical printing, Solomon's trilogy of videos in honor of his late friend, filmmaker Mark LaPore, bear an unexpected provenance: They're created entirely within the crime-spree video game Grand Theft Auto: San Andreas. Unlike so much geek-generated machinima, however, the In Memoriam videos conjure subtle, powerful visions, transforming gangland SoCal into a desolate, cursed land of overcast skies, shadowy figures, and ominous symbols. Appropriately mournful yet mysteriously evocative, they're a fitting tribute to LaPore's own penetrating and haunting powers. (VV)

24.11.07

EMILIO SANZ DE SOTO
Escritor y cineasta

NUESTRO HOMBRE EN TANGER


Era nuestro tangerino de cabecera. Una historia viva y ambulante de una época dorada, la del Tánger Internacional, que Emilio se vio obligado a recordar gustosamente y a contar repetidamente ante el antojo de las nuevas generaciones fascinadas por la ciudad mítica de Bowles y Capote, de Barbara Hutton y Jane Auer.

Era el hijo del director del Banco de España y de la bolsa de la ciudad norteafricana, cuya realidad, enredada en historias de espionaje y negocios fronterizos, superaba a los guiones de “Casablanca” o las novelas a lo “Déjala caer”. Emilio la vivió como nadie de su época. Revoloteó entre las familias cristianas de aquel Tánger multicolor, entre las celebraciones judías y la vistosidad de la morería de la cashba. Todo vio y removió. Jaleaba a los pintores, como Runyan y Pepe Hernadez. Movía el cine club con Pepe Carleton. Se entusiasmaba con la literatura y alababa a su amigo del alma Angel Vazquez, padre de La vida perra de Juanita Narboni.

Colaboró ya en el cine de Buñuel (preparando Viridiana) y sobre todo trabajó como director artístico de Saura (Perppeming Frappé, Stress es tres tres, y muchas mas). Salió quizá por ultima vez en publico, y ya en silla de ruedas, para homenajear a su querida Geraldine Chaplin, en la cena de la medalla de oro de la Academia de Cine. Geraldine era su mujer favorita, como antes lo fue jane Bowles. “Todo en ella se convertía en duda, y la duda le generaba angustia”, decía Emilio sobre la escritora norteamericana, en la película documental “Mapas de agua y arena”, dedicada a la vida nomada de los Bowles. Duda y angustia, entre las que tambien vivió Emilio. Todos le animamos a escribir mas, esos libros y memorias llenos de sabiduría y personajes… pero el prefería recitarlos en tertulia para los amigos, mostrándose como monumento vivo de la memoria de una ciudad irrepetible. El alma de Tánger había habitado para siempre a Emilio, y el nos la hizo soñar para siempre.




EMILIO SANZ DE SOTO.
Sec de "Mapas de agua y arena. Las vidas de Jane y Paul Bowles"
'Todo en ella se convertia en duda y la duda engendraba angustia. Iba yo todos los dias a ver a mis entranables amigas Isabelle e Yvonne Gerofi en la Librerie des Colonnes y al lado habia un cafe que se llamaba Claridge y me encuentro a Jenny descompuesta. "Pero que te pasa Jenny?". Dice: "Emilio, un horror. Creo que he perdido la llave, Paul, como sabes, esta de viaje, yo no puedo entrar en mi casa, no se que hacer. Pero la solucion o no solucion al problema esta aqui, aqui", y me senalaba el bolso, "este bolso tan lleno de problemas." Le dije "Jenny, por que no abres el bolso?". "No puedo, yo no puedo", cosa que entiendo. Entonces le invite a que pasara a Claridge, nos pusimos en una mesa del fondo y cogi el bolso - ah!, le dije al camarero que trajera un papel, un papel de seda- abri el bolso y salio: muchas lentejas, lentejas; un pajaro muerto, un espejo roto y la llave. Jenny cogio la llave entusiamada y una vez que ya tenia la llave consigo me dijo: "pero mira todos estos problemas que tengo que resolver. Tengo que enterrar este pajaro, tirar al mar este maldito espejo roto porque trae
mala pata, y estas lentejas que se me escapan por todos lados meterlas en un saquito." "Bueno, eso se puede arreglar". Efectivamente, llamo al camarero, metimos las lentejas en un saquito, cogimos un taxi, fuimos al puerto, tiramos el espejo roto al mar y, al lado de su casa, en un terreno baldio que habia, hice un boquetito y enterramos al gorrion muerto. Y cuando la despedi en la puerta de su casa, ya con la llave para abrir, lloraba de emocion diciendome: "me has salvado Emilio, tu me has salvado". Esa era Jenny Bowles.


EMILIO SANZ DE SOTO

Adios a nuestra "alma tangerina", al gran contador de historias del Tanger Internacional, y del cine español que se hizo en Hollywoood, y de Bunuel, Saura...
Gracias Emilio por tus fotos de Paul Bowles y Jane Auer, y el resto de los expatriados de lujo en Tanger.
Gracias por aquellos testimonios sobre Jane que revivia con tu voz ante la cámara, en Mapas de agua y arena.

20.11.07

FESTIVAL DE HUELVA

MANOLO PEREZ ESTREMERA.
Homenaje en el Fesival de Cine Iberoamaricano de Huelva

Arturo Ripstein y Jose Luis Cuerda leyeron dos textos llenos de emoción, amistad y calidad literaria

12.11.07

Fred W. McDarrah, Fotógrafo del Village Voice



El ojo de la generación beat

Javier Martín-Domínguez

A lo largo de una dilatada vida profesional de cincuenta años, Fred McDarrah ha fotografiado la vida cultural y social de Nueva York, siendo el ojo que mejor documento la generación beat, los movimientos underground y contraculturales que tuvieron la capital del mundo como escenario. Ha muerto a los 81, cuando dormía, en su casa de Greenwich Village.
Editor de fotografía del semanario fundamental de la ciudad, The Village Voice, por su cámara pasaron desde Bob Dylan a Andy Warhol, Jack Kerouac y Allen Ginsberg. Cuando la bomba del Weather Undergroung dejó en ruinas una casa de la calle 12, allí estaba McDarrah, un sabio del foto periodismo, que sabia colocarse siempre en primera fila para hacer fotos con historia. Enfunadado en sus vaqueros y su chaquetilla de cuero, Fred era un icono del Bajo Manhattam.
Con su actitud de socarrón chico de Brooklin, siempre tenía un comentario mordaz a la actualidad con su cerveza en la mano en los garitos de University Place. La avidez noticiosa de su juventud la convirtió en maestría como editor y maestro de nuevas generaciones de fotógrafos del Voice, desde Sylvia Plachy a James Hamilton y Pamela Duffy.
La exposición de fotos de artistas organizada por la galeria de Chelsea Steven Cáncer, hace solo un año, llevó al The New York Times a calificarla de “la enciclopedia visual de una era de la escena cultural”, incluyendo retratos de Janis Joplin, Charlotte Moorman o Jasper Jhons. Dominaba el ambiente cultural y, como era obligado para el periódico alternativo de la ciudad, el mundo tambien espectacular de los políticos neoyorquinos. Si no los captó su objetivo es que no eran nadie.
EL PAIS. Nov 2007



Días de Tokio. Memorias de cuarenta años…

Distintos y distantes como parecen los japoneses, era recurrente, tras vivir allí un tiempo, que me preguntasen: “¿Y pudiste hacer amigos?”....